Caída del Muro de Berlín y del mundo socialista
Mireille Roccatti
Este domingo 9 de noviembre cuando el lector tenga en sus manos este número de Siempre! se estarán cumpliendo veinticinco años del derrumbe del Muro de Berlín y del mundo socialista.
Este evento paradójicamente tan reciente pero tan lejano en el trascurrir inexorable del tiempo, detonó el fin de una época que conocimos como la “guerra fría” que enfrentó el capitalismo del mundo occidental contra el socialismo liderado por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética (URSS) instaurada al triunfo de la Revolución Bolchevique de 1917, encabezada por Lenin, Trotsky y Stalin.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial y repartirse el mundo entre las potencias aliadas: Estados Unidos, URSS, Inglaterra y Francia, se establecieron zonas de influencias entre ellas y comenzó un enfrentamiento económico pero sobresalientemente ideológico.
Los países de Europa Oriental cayeron en la zona de influencia rusa y adoptaron regímenes socialistas e instrumentaron una serie de medidas económicas como la expropiación de los medios de producción y la colectivización de la tierra y la propiedad, y con el devenir del tiempo este tipo de socialismo se alejó en la realidad de un gobierno de obreros y campesinos y se apoderó del poder una burocracia partidista conocida como el aparatachik que utilizó métodos represivos para mantenerse en el poder.
La planeación del desarrollo de esos países se instrumentó con base en planes quinquenales, que si bien es cierto permitió organizar su producción agroalimentaria y una relativa industrialización, no se reflejó en mejores condiciones materiales de vida de sus ciudadanos y sí en un autoritarismo de la burocracia gobernante que limitó las libertades básicas y los derechos humanos.
El enfrentamiento entre el capitalismo y el socialismo se libró con guerras periféricas en casi todo el mundo. Inmediatamente al finalizar la Guerra, los aliados maniobraron para evitar que Francia e Italia, donde los partidos comunistas jugaron un papel importante en la contienda, cayeran en la órbita socialista; en el caso de Italia, sin importar alianzas con la mafia.
En el plano del desarrollo, los países capitalistas opusieron a la planeación centralista soviética las políticas públicas como orientadoras del accionar gubernamental. La URSS, en pocos años, dejó de ser un país eminentemente rural y obtuvo avances impresionantes en la construcción de una industria pesada, palió las condiciones de miseria del grueso de su población; sin embargo, no logró producir los bienes de consumo, ni en cantidad ni en calidad que en Occidente mejoraran la vida de los ciudadanos, como automóviles, televisores, refrigeradores, licuadoras, vestimenta, entre otros.
La carrera del espacio que ganaron los estadounidenses al poner por vez primera un hombre en la Luna, ilustra muy bien este enfrentamiento entre sistemas ideológico-económicos, pero se equivocaron quienes plantearon que con la caída del Muro, habíamos llegado al fin de la historia.
La terca realidad nos está mostrando el aceleramiento de los ciclos de crisis capitalistas que ilustrara Marx y una renovación intelectual del socialismo humanista. Hoy un cuarto de siglo después somos testigos de un nuevo equilibrio en la geopolítica mundial y seguimos en espera de conciliar el desarrollo con la libertad y el bienestar social.
