Recordada a un año de su muerte la bailarina y coreógrafa Guillermina Bravo, fue la figura más importante de la danza mexicana del siglo XX.

Bravo fue la primera mujer en recibir el Premio Nacional de Ciencias y Artes y fungió como una digna representante de la danza nacional en el extranjero, además se desempeñó como promotora y profesora; actividades que realizó bajo la premisa: “La danza es mi vida, nada existe fuera de ello”,  además de ser autora de 57 montajes

Inició sus estudios dancísticos en la Escuela Nacional de Danza, donde fue discípula de la maestra y bailarina estadounidense Waldeen von Falkenstein (1913-1993) entre 1940 y 1945.

Ingresó la Escuela Graham de Danza Contemporánea de Nueva York, en Estados Unidos, donde destacó por su versatilidad.

A partir del año de 1940 participó en el Ballet de Bellas Artes y año más tarde, en 1947, fundó con Ana Mérida (1922-1991) la Academia de la Danza Mexicana.

También creó el Ballet Nacional de México y más tarde el Colegio Nacional de Danza Contemporánea, con sede en la ciudad de Querétaro, de acuerdo con el perfil de la destacada coreógrafa mexicana publicado en el sitio web “cultura.elpais.com”.

A lo largo de su sólida y amplia trayectoria, Bravo fue distinguida con múltiples galardones, entre los que destacan: el Premio “José Limón” (1989) y el Nacional de Ciencias y Artes (1979).

Reconocida como una coreógrafa creativa e innovadora, que se interesó por temas nacionalistas, urbanos, mágicos y sobre rituales indígenas, así como por el comportamiento humano e indagaciones épicas, históricas y literarias.

Conocida como “la gran bruja”, Bravo dejó una amplio legado no solo con sus piezas, sino también como formadora de nuevas generaciones, pues fue ella quien impulsó la técnica Graham en la formación de bailarines mexicanos, la cual se basa en el trabajo de piso y pelvis.

Para el año de 1993, para reconocer la importante trayectoria de la destacada coreógrafa, autoridades del Festival de Danza en San Luis Potosí crearon el premio que lleva su nombre, y un año más tarde fue nombrada Creadora Emérita dentro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Entre las piezas de Bravo se encuentran: “El zanate” (1947), “Recuerdo a Zapata” (1951), “La nube estéril” (1953), “Imágenes de un hombre” (1958), “El paraíso de los abogados” (1960), “Danzas de hechicería” (1961), “La portentosa vida de la muerte” (1964), “Comentarios a la naturaleza” (1967), “Apunte para una marcha fúnebre” (1968) y “Los magos” (1969).

Así como “Melodrama para dos hombres y una mujer” (1970), “Homenaje a Cervantes” (1972), “Epicentro” (1977), “Visión de muerte” (1980), “El lllamado” (1983), “Constelaciones y danzantes” (1987), “La tambora” , entrecortas más.

Después de una larga vida dedicada a la danza contemporánea, la enseñanza y la creación, la destacada bailarina y coreógrafa Guillermina Bravo falleció en un día como hoy, 6 de noviembre del año 2013 a una semana de cumplir los 93 años de edad.