Nuestro porvenir inmediato

Alfredo Ríos Camarena

Las perspectivas optimistas del porvenir inmediato de la nación han cambiado por razones externas e internas. La realización del Pacto por México, con todas las críticas, logró que se desarrollara una agenda legislativa compartida y apoyada —en gran parte— por todos los partidos políticos; en muy poco tiempo el gobierno entrante logró sus objetivos reformistas.

Sin embargo, en el aspecto económico y en el de seguridad no se han podido tener resultados que satisfagan a la población; la cantidad de delitos cometidos en el país es enorme, la impunidad y la violencia siguen siendo temas de horror cotidiano; si bien es cierto, se han afinado algunas estrategias en el combate al crimen —como la coordinación de los diferentes niveles de gobierno y su participación más organizada—, estamos lejos de resolver el tema en materia económica, las perspectivas de crecimiento proyectadas han variado reiteradamente a la baja y a pesar del optimismo oficial, la producción no se ha acelerado; la crítica del empresariado nacional a la reforma fiscal ha sido permanente y —a decir de este grupo— ha frenado las inversiones. La baja de los precios del petróleo y de nuestra producción en dicho recurso ha disminuido también nuestra perspectiva de precios de 82 a 79 dólares y también reducen las posibilidades de que la Ronda Uno atraiga las inversiones esperadas.

La política keynesiana de presupuesto —donde el Estado desempeña un papel de impulsor del desarrollo económico a través de una gran inversión pública— empieza a dar resultados, pero aún no se siente con claridad en la microeconomía.

En medio de este difícil panorama surgieron acontecimientos que agravan las cosas indudablemente, la matanza de Iguala y la falta —hasta hoy— de una explicación, que no sólo debe ser una narrativa de los hechos, sino que debe demostrar actos claros que implican la consignación de los autores intelectuales —en este caso, el expresidente municipal de Iguala y su esposa, a quienes aún no se les han confiscado los bienes que obtuvieron por su actividad delictiva— y la aparición de los 43 jóvenes de Ayotzinapa; estos eventos han provocado indignación nacional e internacional nunca vistas en los años recientes.

No obstante lo anterior, tenemos un pueblo invencible puesto de pie, que debe ser motivado más allá de la propaganda política y entusiasmarlo para que sigamos con un proyecto esperanzador, a pesar de las dramáticas circunstancias que atravesamos; recordemos que en cualquier circunstancia tenemos la formidable capacidad de darle al mal tiempo buena cara.

No dudo de las capacidades y liderazgo del presidente Peña Nieto, sin embargo, no estoy seguro de que su equipo sea lo suficientemente eficaz y motivador. Se necesitan líderes, no burócratas; mexicanos de convicción, no incondicionales buscadores de chamba.