CIENCIA

 

 

 

El astro rey, en una nueva etapa de intensa actividad

 

René Anaya

Como cada 11 años, en promedio, el Sol parece incendiarse pues arroja enormes llamaradas o fulguraciones, que han provocado alteraciones en nuestro planeta, aunque en general han sido solamente ligeras perturbaciones que, en los últimos cien años, prácticamente han pasado inadvertidas para la población en general.

Sin embargo, para los astrofísicos y otros especialistas de la astronomía y las ciencias de la Tierra, esos episodios cíclicos representan una gran oportunidad para ahondar en el conocimiento de nuestra estrella e investigar la razón de esas llamaradas y tormentas electromagnéticas que cada once años ocurren en el Sol.

 

Misteriosas manchas

Aunque las manchas solares se conocen desde el siglo IV antes de nuestra era, según testimonio de los astrónomos chinos Kan Te, Shin Shen y Wu Hsien, quienes realizaron el primer gran catálogo estelar, hasta la actualidad no se conoce con seguridad su origen. Lo que sí se sabe es que en el siglo XVII se observaron por primera vez con el recién inventado telescopio.

De entonces a la fecha ha aumentado el conocimiento sobre este fenómeno, el investigador José Carlos del Toro, del Instituto de Astrofísica de Andalucía ha referido que “tenemos indicios indirectos de los ciclos del Sol desde hace unos 20 mil años, por las concentraciones de isótopos radiactivos de berilio y de carbono en hielos de la Antártida y el Ártico”.

Esas manchas solares son zonas oscuras de menor temperatura a la que hay a su alrededor, se estima que en su centro están a 4 mil grados Celsius, con intensos campos magnéticos. Cada once años varía su cantidad y la producción de fulguraciones, lo cual determina el ciclo solar. Durante la máxima actividad del ciclo llega a haber un par de centenares y prácticamente ninguna en la actividad mínima.

Se han observado parejas de manchas solares en el Hemisferio Norte, la mancha mayor guía a sus compañeras en la dirección de rotación, con un campo magnético en sentido opuesto al de la mancha solar dominante del Hemisferio Sur. Al comienzo del ciclo, se invierte el sentido del campo magnético de las manchas solares dominantes de cada hemisferio, que tarda unos 11 años en ocurrir.

 

Efectos

El actual ciclo de actividad solar, que comenzó en 2009, se encuentra en uno de sus picos, según han señalado los astrofísicos, por lo que se han enfocado a observar el comportamiento del Sol y, en especial, de sus manchas solares. A fines del mes pasado se detectaron varias erupciones, que se presentaron principalmente del 20 al 26 de octubre.

En ese lapso, la mancha solar, clasificada como AR 2192, de un diámetro casi igual al de Júpiter, generó 64 destellos de nivel C o medio, 22 de nivel M o alto y seis de nivel X, el más alto. Este destello X se clasifica a su vez en grados de potencia, del 1 al 3.

La fulguración X del 24 de octubre emitió rayos X y ultravioleta, que causaron un fuerte apagón en determinadas frecuencias de radio, según refirió el Centro de Predicción del Clima Espacial de los Estados Unidos. Este es uno de los efectos que puede causar la máxima actividad solar.

Otros efectos pueden ser perturbaciones en el sistema GPS, porque las fulguraciones perturban la ionósfera terrestre; el cambio de trayectoria de satélites de órbita baja. Las tormentas magnéticas también pueden causar daños en las redes eléctricas.

Por ahora no se han tenido esos graves problemas, pero los astrofísicos están pendientes de la actividad solar, ya que podría ocurrir un evento Carrington, nombre con el que se conoce la tormenta solar más fuerte que se ha documentado, que ocurrió el 28 de agosto de 1859 y que registró detalladamente el astrónomo inglés Richard Carrington.

La máxima actividad de esa tormenta sucedió entre el 1 y 2 de septiembre, la cual causó la destrucción de buena parte de la red de telégrafos de Europa y Estados Unidos, ya que fundió los cables y provocó incendios. Asimismo, produjo auroras boreales en latitudes muy bajas como el sur del Caribe, Italia y Hawaii.

Para tranquilidad nuestra, los efectos más recientes de tormentas solares no han sido tan desastrosos: en marzo de 1989, una planta hidroeléctrica de Quebec, Canadá dejó de funcionar durante nueve horas; y 1994, dos satélites de comunicaciones interrumpieron su señal por varias horas.

El actual ciclo solar no ha causado graves daños, pero sí representa una gran oportunidad para estudiar la actividad del Sol con equipos más especializados, que podrán contribuir a conocer mejor el origen de las manchas solares.

 

reneanaya2000@gmail.com