Jaime Luis Albores Téllez

Una velada exquisita para cualquier amante de la música culta se vivió el pasado viernes siete de noviembre, cuando se presentó la Orquesta Sinfónica Nacional en el Palacio de Bellas Artes, bajo la batuta de Hansjörg Schellenberger, director huésped y oboe, quien como músico de cámara ha participado en el Ensamble WienBerlin —siendo primer oboe de las filarmónicas de Berlín y de Viena— también participó en este concierto el gran músico mexicano Carlos Torres, corno, quien ha participado como solista y a la vez acompañado por las orquestas sinfónicas de Miami, de Coyoacán y Juvenil Carlos Chávez y con la Sinfónica Nacional de México ha interpretado Konzertstück para cuatro cornos de Robert Shumann, El Primer concierto para corno en re mayor de Haydn, marcándolo como uno de los grandes intérpretes de estas piezas. Y así mismo participaron Wendy Holdaway, fagot, y Eleanor Weingartner, clarinete, ambas estadounidenses, la primera participó en las grabaciones de los discos de los maestros Joaquín Gutiérrez-Heras y Mario Lavista; la segunda se desempeña como una excelente intérprete de música de cámara.

El programa dio inicio con una pieza musical de Richard Strauss, intitulada Las alegres travesuras de Till Eulenspiegel (Till Eulenspiegel lustige Streiche op. 28) sinfonía concertante donde la poderosa sonoridad de la orquesta y los acentos, dulces y apasionados, vigorosos y brillantes del corno interpretado por Carlos Torres, hicieron de esta pieza un ejemplo de cómo puede brillar un músico de manera ventajosa y no acosta del conjunto, pero sí por encima de él, cumpliendo su objetivo principal que es dar a conocer la habilidad del ejecutante. Bien por Carlos Torres que sigue demostrando que es y seguirá siendo un gran maestro del corno. Los aplausos fueron fuertes por parte de los presentes que también festejaban el 80 aniversario de la anda. Y antes del intermedio escuchamos una pieza de W.A. Mozart Sinfonía concertante para alientos en mi bemol mayor KV. 279b, compuesta por los siguientes movimientos Allegro, Adagio y Andantino con variazioni, donde destacó maravillosamente Wendy Holdaway, fagot, con su interpretación combinada con armónicos en los primeros violines, acompañado por procedimiento de bloques de sonido y acordes rítmicos en cluster. Y me pareció curioso que en el último movimiento Andantino con variazioni empezara con una especie de rondó de uno de los conciertos para corno de Mozart, tal vez sea una invitación subliminal y muy personal para decir si la obra es mozartiana. Y como última pieza escuchamos Sinfonía número 1 en do mayor op.21 de Ludwing van Beetohoven, compuesta por los siguientes movimientos: Adagio molto —Allegro con brio, Andante cantabile con moto, Menuetto y Adagio —Allegro molto e vivace. Aquí Eleanor Weingartner, clarinete, demostró que tenía una especie de autonomía del instante, como una independencia de los acontecimientos, pero con una acción continuada entre la orquesta y la participante hasta lograr una comunión constante que traza un itinerario compartido.