“Hoy como nunca estamos cerca de un estallido de violencia de mayor envergadura
que las que hemos visto en estos años recientes”
Peña Nieto deberá esforzarse más
René Avilés Fabila
La violencia no es exclusiva de un punto de la república u otro. La vemos con mayor o menor fuerza lo mismo en Guerrero, Oaxaca y Morelos que en el DF y Veracruz. Mientras tanto todos los gobernadores, incluido Miguel Ángel Mancera, presumen la tranquilidad de sus poblaciones. Hace poco estuve en Oaxaca y todos los días vi marchas, agresiones, plantones, manifestaciones agresivas, escuché discursos incendiarios, pero Gabino Cué, al presentar su cuarto informe dice que no hay prácticas autoritarias. No. Es posible, pero las agresiones de unos cuantos las padece el grueso de la población.
En la arrogante capital de México, hay una situación semejante a la de Oaxaca, pero bastante peor, y Mancera pasa buena parte del tiempo corriendo maratones para mostrarnos que está en buen estado de salud y que la capital es un sitio seguro, tranquilo. No obstante, hay inseguridad, violencia, y algo peor, vivimos en el punto donde todas las protestas concluyen en medio de destrozos y problemas para los capitalinos. Hasta donde sé, ningún problema del DF concede pretexto para que hagamos una ruidosa caravana a Oaxaca y allí interrumpamos el tránsito, o que hagamos destrozos en Iguala.
Alguna vez el ingeniero Cárdenas declaró que de todos los puntos de la república solían venir marchas y caravanas porque sus demandas no eran atendidas en sus respectivos estados. Habría que añadir que el DF es la casa de todos los poderes y de todas las mayores instituciones de educación y cultura y el lugar donde habita el Poder Ejecutivo. Esto nos hace, muy en el estilo nacional, vulnerables como inmensa ciudad de unos diez millones de habitantes, conurbada con el Estado de México, lo que duplica el número de habitantes hasta convertir el Valle de México es un mar impetuoso de personas con distintos y agudos intereses y conflictos.
La verdad es que el país vive desde siempre una crisis política: no hay gobernador que se salve ni problema que no traigan al DF, donde Mancera presume su incapacidad para no reprimir cuando nadie le ha pedido tal cosa, simplemente que garantice la libertad de movimiento y acciones de los capitalinos, los que proporcionamos los recursos para que él y los suyos cobren y muy bien.
Como están las cosas en el país, si las autoridades no encuentran pronto soluciones a las distintas demandas y exigencias, la violencia aumentará de dimensión. Convocar a un pacto contra la violencia y la inseguridad, no es decir nada, es pura demagogia y cada gobernador lo interpretará como sus cabezas con precaria información les permita. Tengo la impresión, luego de muchos años de observar el país, que hoy como nunca estamos cerca de un estallido de violencia de mayor envergadura que las que hemos visto en estos años recientes.
Peña Nieto deberá esforzarse más y ser, como Mancera, menos frívolo en sus maneras y estilos de conducir a la nación.
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