La relación del Estado con los estudiantes

 

 

A la memoria de mi entrañable amigo

José Servando Chávez, exgobernador de Michoacán,

que hace unos días nos dejó.

 

 

Alfredo Ríos Camarena

Pocas veces en la historia contemporánea de México se había creado un fenómeno de indignación y solidaridad social como el generado por el caso Ayotzinapa. Algo se disparó en la conciencia social y produjo una efervescencia inusitada.

Debemos distinguir las razones subyacentes a los distintos tipos de indignación: en primer lugar, el dolor causado a los padres y familiares de los desaparecidos ante la incertidumbre de no saber el verdadero destino de sus hijos. Para el gobierno federal es un tema de enorme preocupación; desde que asumió la competencia del asunto ha intentado esclarecer los hechos, resultando la narrativa del procurador general de la república, la aprehensión de los Abarca, la consignación de 58 personas —sobretodo policías de Iguala y Cocula— y la dantesca confesión de los autores materiales, asimismo, se presionó para que el gobernador Aguirre solicitara licencia definitiva.

En cualquier otro momento, estos hechos acreditan un trabajo que —pese a lo terrible de los acontecimientos— debería ser reconocido, sin embargo, una parte de la sociedad se siente indignada y lacerada, sobretodo estudiantes y académicos que han demostrado su solidaridad con un comportamiento de civismo y respeto en sus manifestaciones públicas.

No obstante lo anterior, los partidos políticos —en su mezquina actitud— han buscado sacar raja de este asunto; a la izquierda le ha ido muy mal: Cuauhtémoc Cárdenas, rechazado en una manifestación pública; Jesús Zambrano, corrido de la UNAM, y Alejandro Encinas, agredido en Veracruz.

También hay otros intereses oscuros y mal intencionados de los autodenominados anarquistas que han buscado continuamente ser reprimidos como resultado de sus actos vandálicos, como la quema de un metrobús, de la estación Ciudad Universitaria y otros vehículos, y mucho más grave aún, destruyendo e incendiando la puerta principal del Palacio Nacional, símbolo de las instituciones del país. Estos intereses deben ser desenmascarados por la autoridad y darlos a conocer a la opinión pública.

Lo anterior contrasta con el tema del Politécnico, donde las posiciones de los estudiantes han sido duras pero bien cimentadas y planteadas con valor y responsabilidad; por su parte, el gobierno federal, representado por el doctor Fernando Serrano Migallón, ha sido inteligente, tolerante y con una política de responsable apertura; es probable que este conflicto pueda concluir en una verdadera reforma.

Entendemos con claridad que se trata de problemas distintos, con orígenes, circunstancias y estrategias diferentes, pero de alguna manera reflejan la relación del Estado con los estudiantes y profesores. En ambos casos la razón, la inteligencia y la prudencia deben ser una luz que ilumine el túnel oscuro por el que hoy atravesamos.