El libro de Monelle
Roberto García Bonilla
Búsqueda de saberes en el escrúpulo, erudición y muerte prematura delinean la figura de Marcel Schwob, políglota, crítico literario y escritor francés (Chaville, 23 de agosto de 1867-París, 26 de febrero de 1905), de origen judío e hijo de una familia burguesa que vivía en Nantes, la ciudad natal de Julio Verne y sobre quien escribió su primera reseña. Su padre, dueño del diario Le Phare de la Loire, fue contertulio de las veladas alrededor de Theodor de Banville y Théophile Gautier.
Después del bachillerato parisino, en la Sorbona se gradúa en paleontología y filología. Enriqueció su lengua, en contrapunto, con el inglés y el alemán. A los veinticinco años ya pertenecía al círculo literario que frecuentaban figuras como Jules Renard, Anatole France y Paul Verlaine, Edmon de Goncourt y Paul Valery, quienes le profesaban estima. El lenguaje de la germanía (hermandades gremiales) —la jerga usada por presos, criminales, depauperados, mujeres deshonradas…— es el tema de su ensayo Etude sur l´argot francais (1889).
Schwob fue traductor de Crawford, Stevenson, Wilde, Henley, De Quincey; fue el primero que llevó al inglés Moll Flanders de Daniel Defoe. Y también fue encomiada su traducción de Hamlet. Tuvo en su tío León Cahun —humanista y oficiante en la Biblioteca Mazarine— la guía tutelar más influyente en su formación; lo introdujo en las culturas grecolatinas y el milenarismo oriental que se integraron en una educación rigurosa y ecléctica que abarcó la paleografía griega que aprendió con Ferdinand Saussure. Ejerció también como crítico literario y profesor; poco antes de su muerte ofrecía un seminario en la L’École des Hautes Etudes Sociales.
Escribió bajo seudónimo
A su libro de cuentos Corazón doble (1891) le siguieron títulos influyentes como El libro de Monelle (1894), La cruzada de los niños (1896) y Vidas imaginarias (1896). Antes de morir, Schwob publicó Moeurs des Diurnales (1903), punzante tratado sobre el periodismo que apareció con el seudónimo de Loción-Bridet. A su muerte dejó unos 24 obras; ocho son póstumas, entre ellas Vers Samoa (2002) que describe su periplo en ese archipiélago del Pacífico Sur adonde llegó siguiendo a Stevenson (la correspondencia entre ellos se publicó en 1992).
Schwob se sumergió en un estudio sobre el argot francés (18991) y profundiza sobre la lengua popular, los ámbitos criminales; en particular, al poeta Francois Villon (1431-1464) autor de El gran testamento (1461), una recopilación de su obra poética. Su existencia se convulsiona entre la muerte sangrienta, la maldad y el infortunio de los bajos fondos. Con un guijarro puso fin a la vida de sacerdote. Un milagro apareció y no fue ahorcado en la cárcel de Chatelet, donde fue recluido en diversas ocasiones por pendenciero, camorrista. Delinquir formó parte de su vida. Se le llegó a llamar el primer asesino poeta, quien respiró las correrías de los bajos fondos parisinos.
Cerca de la muerte, Schwob escribió La balada de los ahorcados, cuya gravedad es autobiográfica, autoexpiatoria y con tintes fanáticos; apela al creador para expiar las fechorías de los gandules. En un destierro misterioso se perdió. Se le ha considerado el más destacado poeta lírico medieval francés.
Schwob trabajó a lo largo de diez años sobre Villón y su época. La escoria de los bajos fondos, su vida cotidiana y el borrascoso destino de sus habitantes están presentes en su obra. Schwob es un escritor de culto de quien Borges reconoció una deuda —en particular, como señala Ariel Dilon— de Historia universal de la infamia, influida por Vidas imaginarias.
La joven amada
El libro de Monelle (1894) es la elaboración del duelo por la muerte de una joven cuya pobreza la orilló a la prostitución eventual (Eduardo Lizalde hace un revelador homenaje al respecto que concluye así: He ahí el camino para todos:/ soñar y corromperse a una.) Schwob se enamoró de ella y la protegió; tuberculosa, muere a los 25 años. Apabullado escribe: “Destruye pues toda creación proviene de la destrucción”.
El libro está dividido en tres partes: “Las palabras de Monelle”, “Las hermanas de Monelle” y “Monelle”. La primera es una suma de sentencias aforísticas entre el nihilismo y un crudo realismo sin antes ni después; priva el instante estoico y heroico: “Pues toda construcción está hecha ruinas y nada hay nuevo en este mundo sino las formas” […] “Ama el momento. Todo amor que dura es odio. Sé sincero con el momento. Toda sinceridad que dura es mentira”. […] “Sé como las rosas: ofrece tus hojas para que las arranquen las voluptuosidades y las pisoteen los dolores”. Con el olvido y la negación se quiere ahuyentar el dolor por la pérdida.
La segunda parte consta de 11 historias de prototipos de mujeres; en realidad son la misma en distintas facetas, la narración fantástica se funde con diversas tradiciones, con acentuaciones realistas.
En la última parte, la biografía y la ficción se entrelazan: Monelle es un trasunto de Louise, la joven amada rodeada de tinieblas, lluvia e inocencia idealizada por el artista. Diálogos de infantes entre la tierra y fantasmales adioses, rodeados de puerilidad, de inocencia.
robertogarciabonilla@gmail.com
Marcel Schwob, El libro de Monelle, México,
Conaculta (Clásicos Universales para Hoy), 2014.
