Relación íntima

Mireille Roccatti

El día 2 de noviembre, Día de Muertos, es una celebración mexicana de origen mesoamericano en el que se honra a los difuntos, comienza desde el 1 de noviembre, y coincide con las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos.

Este día se celebra en México y en algunos países de América Central, el culto a los muertos, el cual ya se practicaba desde la época prehispánica, como se guarda registro en la Piedra del Quinto Sol, mejor conocida como el Calendario Azteca que se localiza en el Museo de Antropología. En ella se puede observar que, entre los 18 meses que forman este calendario, había por lo menos 6 festejos dedicados a los muertos. La fusión de las culturas indígenas y la española creó un sincretismo muy especial y único.

Antes de la llegada de los españoles, dicha celebración se realizaba en el mes de agosto y coincidía con el final del ciclo agrícola del maíz, calabaza, garbanzo y frijol. Los productos cosechados de la tierra eran parte de la ofrenda a los ancestros muertos.

El día de los Fieles Difuntos, en la tradición occidental, es y ha sido un acto de luto y oración para que descansen en paz los muertos, al ser impregnada por la tradición indígena se ha convertido en fiesta, en festín de olores, gustos y amores en el que los vivos y los muertos conviven, se tocan y se fusionan en la remembranza.

La calavera literaria se le llama así a las rimas o versos satíricos, que son en realidad la creación de epitafios humorísticos de personas aún vivas. Constan de versos donde la muerte (personificada) bromea con personajes de la vida real, haciendo alusión sobre alguna característica peculiar de la persona en cuestión. Finalizan con frases donde se expone que se lo llevará a la tumba. Es muy común dedicar las “calaveritas” a personajes públicos, en especial a políticos en el poder. En muchos casos la rima habla del aludido como si estuviera ya muerto.

El maestro José Guadalupe Posada nos legó sus famosas litografías que hacen alusión al Día de Muertos, constituyen un género de la caricatura con la que colaboraba en diferentes publicaciones en la prensa de principios del siglo XX y que se reproducen en estas fechas por sus alusiones a la muerte festiva.

Las calaveras de dulce tienen escrito en la frente el nombre del difunto o en algunos casos de personas vivas, que no ofende y son consumidas por parientes o amigos. El pan de muertos es una representación de la eucaristía y fue agregado por los evangelizadores españoles. Es un panecillo dulce que se hornea en diferentes figuras, desde simples formas redondas hasta cráneos, adornado con figuras del mismo pan en forma de hueso, se le espolvorea azúcar y se elabora con anís.

La flor de cempasúchil es símbolo del resplandor del sol, que se consideraba el origen de todo. Cada flor representa una vida, y en el caso del difunto significa que éste aún conserva un lugar dentro del todo social, y que no ha sido olvidado por sus amigos y familiares.

El pueblo de México ha creado una relación muy íntima con la muerte, lo que le permite dialogar con ella sin temerle, para ello construye un altar de muertos que tiene un simbolismo cultural muy propio.

Conmemoremos a nuestros muertos. Esa especial relación, en estos días, nuestro pueblo la tiene muy presente en la cauda de muertos que en los últimos años ha cobrado una estrategia ciega y equívoca del estado de los hechos, y lo de Ayotzinapa es sólo el último eslabón. El México bronco está despertando.