La posibilidad de que los cadáveres de más de 40 personas pudieran ser calcinados al aire libre en el basurero municipal de Cocula, Guerrero, como es la tesis de la Procuraduría General de la República (PGR) sobre el caso de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa , lo cual generó visiones contrapuestas entre especialistas forenses.
La jefa de la Unidad de Investigación de la licenciatura en Ciencias Forenses de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Lorena Valencia Caballero, asegura que para realizar este tipo de quema se requieren conocimientos multidisciplinarios para conocer las condiciones ambientales, geólogicas, físicas y químicas.
En ese mismo contexto , especialistas que forman parte de la Red Iberoamericana de Instituciones de Medicina Legal y Ciencias Forenses sostienen que estudios internacionales han establecido que una llanta quemada genera una temperatura de mil 600 grados centígrados, la misma que provoca que los huesos de una persona prácticamente se fusionen, ante ello estimaron factible que el grupo criminal incinerara los cuerpos de más de 40 personas la mantener la hoguera con neumáticos y leña durante 14 horas.
Asimismo Valencia Caballero explicó que cuando un cuerpo humano se somete a cremación tradicional (dentro de un horno que llega a alcanzar 940 grados centígrados), los restos no pueden quedar totalmente pulverizados, pues ciertos huesos y sobre todo la dentadura son difíciles de destruir y por tanto deben ser sometidos posteriormente a un proceso de trituración.
La académica de la UNAM fue entrevistada en torno a los avances que dio a conocer el procurador Jesús Murillo Karam en torno a la investigación del caso Ayotzinapa, donde expuso que los normalistas presuntamente habrían sido calcinados en una hoguera que tuvo como base llantas y leña y como aceleradores, gasolina, diesel y plástico.
Comentó Valencia Caballero, “No cuento con las evidencias sobre ese caso particular, pero puedo aportar mis conocimientos sobre la literatura relacionada con los crematorios, en estos hornos cerrados diseñados para quemar un cuerpo, que puede tardar en calcinarse de dos a cinco horas, dependiendo de la temperatura y la complexión del individuo.
“Peor aun después de este procesos se necesita un segundo, que es la trituración de algunos huesos y de la dentadura, estos restos que no se alcanzan a pulverizar deben pasar por una máquina para finalmente transformarlos en cenizas, se habla de que se uso una cerca de piedras, pero, ¿hasta qué punto se tiene el conocimiento para controlar eso?, en un ambiente así -el basurero- es complejo evitar que el fuego se propague.
“Además, hay otros factores, como el control que se puede tener de la temperatura, el medio ambiente, el clima, la ubicación del terreno, la cantidad de cuerpos, el viento, la humedad, la altura de los materiales usados para la combustión”.
Los que llevaron a cabo dicha acción debieron contar con conocimientos para calcular la cantidad de material combustible (diésel, llantas, leña) necesarios para mantener por horas tantos cuerpos y para lograr una temperatura constante en la misma, manifestó la académica de la UNAM.
Sin embargo los especialistas internacionales refirieron que “con base en la información difundida por las autoridades y la experiencia forense en materia de incendio, es posible que el cuerpo de una persona sea calcinado en las condiciones que se presentan en la zona del basurero de Cocula, Guerrero, sobre todo si se mantuvo el fuego durante tanto tiempo”.
Los especialistas entrevistados, los cuales solicitaron el anonimato debido a que podrían participar en la identificación oficial de los restos, apuntaron que “se debe considerar que el sitio en el que se realizó la incineración es una barranca, en la cual las corrientes de viento debieron ser casi nulas.
“Además de acuerdo con la información difundida los cuerpos de las víctimas fueron colocados sobre las llantas llenas de madera y con los aceleradores la temperatura se incrementó a niveles con los cuales procesan los materiales para la producción de cemento, la cual llega a los mil 600 grados centígrados”.
Los estudios internacionales refieren que a partir de los 800 grados la consistencia de los huesos se deforma y se cristaliza la estructura interna más solida, dejando en situación de fragilidad cualquier parte ósea que se exponga a esas temperaturas.
“Entre los 100 y 600 grados centígrados los restos se deshidratan, al alcanzar temperaturas de 500 a 800 grados, los restos se descomponen y entre los 900 y los mil grados se extraen los carbonatos, esto ,es que el hueso esponjoso se encoje y mantiene su forma, pero el hueso compacto se quiebra”.
En temperaturas superiores a los 800 grados se observan grietas en las superficies de los huesos y existe decoloración; las partes negras indican que están carbonizadas; los huesos blancos están calcinados y difícilmente hay partes que puedan ser analizadas para obtener muestras de ADN.
“Si como se ha dicho, los delincuentes trituraron los restos después de mantenerlos en la hoguera, los pedazos tardarán de semanas a mese para ser analizados, ya que la contaminación derivada de los neumáticos y los aceleradores, así como la intensidad del fuego, no permitirían que se trabaje de manera rápida la identificación”. Señalaron los peritos internacionales.
Con unas cuantas células especialistas de Innsbruck podrá determinar ADN de normalistas de Ayotzinapa
Con unas cuantas células en buen estado que hayan sobrevivido al fuego, eso es lo único que necesitan los científicos de la Universidad de Innsbruck para determinar la identidad de los restos humanos mediante la técnica de análisis de ADN mitocondrial (ADNmt), de acuerdo con el doctor Walther Parson, líder del grupo de investigadores que analizará si los vestigios hallados en Cocula pertenecen a los 43 normalistas de Ayotzinapa.
Walter Parson en entrevista con el diario “Milenio”, detalló; “En teoría solo necesitamos una célula para identificar el ADN, pero en términos prácticos, necesitamos el equivalente de ADN de 10células intactas para conseguir los resultados legales”.
Y promete: “Nuestro equipo es capaz de trabajar con especímenes altamente descompuestos y degradados.
El historial de éxitos que han documentado él y sus compañeros científicos indica que la anterior no es una presunción hueca, bajo la batuta de Parson, investigadores de Innsbruck han participado en la identificación de restos óseos aparentemente secos, sin rastros de ADN y con siglos de degradación encima, como los cráneos de Friedrich Schiller y Wolfgang Amadeus Mozart, ambas molleras almacenadas con casi devoción religiosa por décadas, resultaron pertenecer a perfectos desconocidos.
Pero como en el caso Iguala- Cocula, la obra magna de este laboratorio tiene relación con el fuego, en 2008, Parson y sus colegas ayudaron a esclarecer la identidad de dos cuerpos que habían sido incinerados y bañados en ácido en una fosa clandestina descubierta en los montes Urales, se trataba de los hijos del último zar de Rusia, Nicolás II, un misterio que tuvo resolución hasta 91 años después de su muerte, durante la revolución bolchevique.
En los próximos días, las habilidades de ese equipo estarán a prueba con un caso de manufactura más reciente y peso no menos histórico: Cocula los restos hallados por la procuraduría General de la República en un tiradero del municipio guerrerense yase encuentran en ruta a Austria para ser entregados por agentes federales al Instituto de Medicina Legal de la Universidad de Innsbruck, una vez ahí serán estabilizados y después almacenados en una cámara especial para así evitar contaminación.
Bajo un protocolo, los investigadores se dividirán en equipos de dos e iniciarán un análisis a nivel microscópico para determinar si es posible extraer de los fragmentos óseos rastros suficientes de ADN. La meta es compararlos con las muestras tomadas a sus familiares y responder a la duda de si los vestigios pertenecen a los 43 normalistas de Ayotzinapa. Es una tarea difícil que distintos laboratorios europeos y estadunidenses se negaron a emprender por considerarla imposible.
Afirmó el especialista en casos de corte imposible —su biografía profesional está repleta de investigaciones que parecían insolubles—, el investigador austriaco insiste en que solo es necesaria una célula para dar con la identidad de su dueño. “Todas nuestras células contienen ADN que podemos extraer y analizar”.
A horas de iniciar la que se antoja como una de las investigaciones más complejas que hayan llegado a manos de su equipo, Parson admite que por motivos éticos no se encuentra en libertad de abordar detalles particulares de cómo se enfocarán los esfuerzos en el caso Iguala-Cocula. Aun así, adelanta que cualquier resultado de las pruebas con ADN mitocondrial “tomará de un día a varias semanas”.
Con información de Milenio y la Jornada
