Ayotzinapa, detonante de un estallido social
Mireille Roccatti
Los hechos acaecidos en Iguala hace escasas seis semanas constituyen una barbarie que se debe aclarar y castigar a los culpables. Y por supuesto, nunca jamás deben repetirse, por ello es vital para la salud de la republica que no exista impunidad y evitar simulaciones llevando a la cárcel “chivos expiatorios” o culpables de bajo perfil. Los mexicanos estamos decididos y exigimos que se haga justicia. Estamos ante un crimen de lesa humanidad.
Lo que aconteció es el detonante de un estallido social que se encontraba latente de hace tiempo, la desaparición forzada y muy seguramente la incineración de los 43 jóvenes estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa fue el suceso que galvanizó el descontento social larvado desde hace por lo menos un par de décadas. La percepción de la inminencia de un estallido se agudizó durante el trascurrir del segundo sexenio panista con su cauda de muertos, desaparecidos y desplazados, producto de la irracional estrategia militarista de combate al crimen organizado.
Lo dijimos en este foro y desde otras tribunas periodísticas, a la causa de origen de la inconformidad social generalizada, que es la enorme desigualdad social, la cancelación de futuro de nuestros jóvenes, la falta de empleo y otros muchos etcéteras, hasta semejar una pradera seca, se le estaba echando gasolina y un evento cualquiera sería el fosforo que la haría arder, las condiciones estaban dadas desde antes de 2012.
Hechos proditorios del todo condenables no faltaron, baste recordar sólo algunos, como la muerte de estudiantes en las inmediaciones del Tecnológico de Monterrey; los fusilamientos de jóvenes sacados violentamente de casas de tratamiento de adicciones en ciudad Juárez; el asesinato colectivo de migrantes en San Fernando, Tamaulipas; las fosas con cientos de cadáveres en Durango; la violencia irracional que bañó de sangre todo el país, y en especial ciudades como Juárez, Monterrey, Nuevo Laredo, Matamoros, Culiacán, Acapulco y muchas más.
El origen de esta violencia que ha segado miles de vidas en especial de nuestros jóvenes debe buscarse en el modelo de desarrollo neoliberal, que de manera injusta ha propiciado una acumulación desmedida de la riqueza en una reducida elite y ha producido millones de pobres.
La falta de empleos, la crisis del sistema educativo y el largo periodo de estancamiento económico explican porqué a la mayoría de nuestros jóvenes sólo les quedan tres vías de escape: la migración a Estados Unidos, la informalidad o enrolarse con el crimen organizado.
La evolución de los acontecimientos pareciera colocarnos en la encrucijada de reprimir las protestas sociales como clama un sector de la población, en virtud de los actos de violencia, saqueos, quema de edificios públicos, robo de autobuses y otras conductas violatorias de la normatividad penal. O mantener una actitud en extremo tolerante y pasiva, que le da la razón a quienes perciben un Estado fallido.
