Jaime Luis Albores Téllez

Una novela breve, La migraña, de Antonio Alatorre, quedó inédita hasta el año de 2012, y hasta cierto punto, inconclusa en su lógica literaria —ya que el autor falleció dos años antes de que se diera a conocer la obra— pero ¿cómo buscar concluir algo —en este caso la novela— que el destino o el fin de la vida de Alatorre le puso el punto final? ¿O a caso no puede haber mayor perfección que ésta? Y más cuando la obra transmite que nada es para siempre, ni siquiera nuestra imaginación, donde también hay olvido e inventamos los hechos para justificar nuestra realidad, ya sea en el ayer, en el hoy, en el mañana, esa invención —pues sabemos que estamos ideando— nos lleva a tener la sensación de que todo es irreal pero que negamos al estar sujetos al continuo tiempo: al pasado, presente y futuro. Y el tiempo es lo que maneja magistralmente Antonio Alatorre en su obra, pasado y presente se unen cuando el autor crea la sensación de irrealidad que produce la conciencia de un instante: “Estoy aquí en la biblioteca, en esta casa cómoda en que vivo y, mientras veo el vaso de dry Martini (vacío hace ya un buen rato), pienso en lo que ocurrió hace unas horas, mientras me asoleaba en el jardín. Jardín, césped recién cortado, sol, bruma y todo lo demás, todo eso ¿no es ya un fantasma, algo sin más realidad que la escritura, sin otro ser que estas palabras en que se ha convertido, en que se está convirtiendo? Pues si es así, si lo que parecía ser hace unas horas ya no es ni va a ser nunca más, ¿cómo pedir realidad a aquello otro? Lo real —eso que llamamos ‘lo real’— se está haciendo irreal continuamente”. Y Alatorre crea un personaje: Guillermo, que sufre de migraña, y que a través de esos dolores intensos de cabeza revive situaciones que han marcado su pasado y que sabe que son irreales por irrepetibles, donde la imaginación siempre juega un papel importante porque nunca más sucederán igual a ese instante o momento, pero que en el presente son de nuevo una realidad imaginada, inventada a la primera situación o situaciones vividas, que no puede cambiar hasta que tome conciencia de su estado presente, donde está inventando los sucesos los cuales pronto serán irreales en el momento que empiece a imaginarlos en un nuevo presente.
Antonio Alatorre a través de este libro, La migraña, nos invita a reflexionar sobre nuestra vida cotidiana, donde nada es permanente, donde todo es instantáneo y a la vez fugaz, tan fugaz que a veces tenemos la necesidad de crear una fantasía, donde la imaginación vaga formando imágenes sobre un suceso que ya pasó modificándolo hasta crear una nueva realidad tan distinta a la vivida.
Y en fin, creo que no hay un final mejor para esta novela que cuando el autor escribió: “¡Claro! ¡Tantos cambios! Es cosa de sentido común; pero el sentido común no es sino un destilado de la realidad cotidiana, de lo que sucede todos los días, cuando justamente lo que está sucediendo no tiene parecido alguno con lo que sucede todos los días. “Admiración” es la única palabra que logra quedar…”.

Antonio Alatorre, La migraña. Fondo de Cultura Económica (Colección Letras Mexicanas), México.