“El gasolinazo anual, cuyo incremento está en función del siempre pretendido objetivo de inflación,

pero que ineludiblemente generará impactos inflacionarios multiplicadores”

 

 

Seguimos dependiendo del hidrocarburo

 

 

 

Julio A. Millán B.

 

El Congreso aprobó la Ley de Ingresos para 2015. Los legisladores estiman que se percibirán recursos por 4 billones 694 mil 677.4 millones de pesos, un ajuste al alza del 5.1% respecto del año pasado.

Este monto es resultado, a decir de las autoridades y legisladores, de una mayor eficiencia recaudatoria ya que, como se recordará, se estableció un “pacto fiscal unilateral” en el que se propuso no incrementar los gravámenes. Sin embargo, al no introducir una miscelánea fiscal, se dejó pasar la oportunidad de subsanar medidas que son evidentemente contraproducentes como la no deducibilidad inmediata de activos, lo que seguirá inhibiendo o dilatando las inversiones tan necesarias. Pero también es producto del incremento de 3% que se hará al precio de los combustibles, a lo que se le ha llamado el gasolinazo anual, cuyo incremento está en función del siempre pretendido objetivo de inflación, pero que ineludiblemente generará impactos inflacionarios multiplicadores.

Ahora bien, con la reforma energética el total de ingresos derivados del petróleo ascenderán a 1 billón 187 mil 006.20 millones de pesos, lo que representa el 29.5% de los ingresos totales sin considerar financiamientos. Ello demuestra que se mantiene una alta dependencia del hidrocarburo, y por supuesto de los vaivenes del precio internacional. A ello hay que agregar los ajustes por parte de los legisladores, quienes modifican los ingresos provenientes del petróleo en función de la plataforma de producción, pero sobre todo del precio del barril y sorpresivamente este año también estableciendo el tipo de cambio de referencia. La plataforma de producción se estableció en 2.4 millones de barriles diarios, y contra toda tradición redujeron el precio del barril de 81 dólares que estipulaba la iniciativa a 79 dólares, ello considerando el periodo de caída generalizada en los precios internacionales que actualmente se registra, esta prudencia por supuesto se agradece, considerando que la producción sigue cayendo y no será hasta que la reforma dé frutos que se espere un incremento en la producción.

Donde hay que poner el punto de preocupación es en el planteamiento de compensación de la relativa reducción en los ingresos petroleros por un menor precio del barril, para lo cual modificaron el tipo de cambio de referencia de los 13 pesos por dólar que contemplaba el proyecto original a los 13.40, lo que generaría 26,713 millones de pesos. Todo pintaría muy bien, si meterse en el terreno de establecer una paridad cambiaria no tuviera consecuencias severas. Recordemos que el tipo de cambio es un precio líder en el mercado mexicano y si éste se incrementa tiene impactos positivos para los exportadores y ahora para las finanzas públicas, pero negativos para los importadores y sobre las deudas establecidas en dólares.

Quizá para este año habría sido menos riesgoso hacer más eficiente la recaudación ampliando las bases gravables, simplificando trámites, y vigilando sin aterrorizar a los contribuyentes incumplidos o morosos.