GARBANZOS DE A LIBRO
Julian Barnes, escritor inglés
Marco Aurelio Carballo
“Hay sectores que persisten en aislarnos”, declaró el escritor inglés Julian Barnes, de 68 años, y temo que perdure. Los ingleses somos flojos al definirnos. Aunque lo intentamos. Los norteamericanos no se obsesionan con eso, piensan que somos una versión fracasada de Estados Unidos. De la conciencia imperial, para el resto del mundo tenemos una percepción de extrañeza, pensamos sencillamente que no son ingleses. Nos refugiamos quizás en tótems antiguos que nos distinguen, como la monarquía, mientras la realidad es lo contrario, en el mismo Londres, con una variedad de culturas, donde los ingleses rubios somos minoría. Una urbe cara, más que Tokio. Estamos en desventaja quienes somos de ahí porque la ciudad se ha encarecido ya que los ricos de otras partes del mundo la convirtieron en su refugio. Yo no conozco aristócratas, pero si lo fuera me sentiría más aristócrata ahora. Como pertenezco a la clase media, prefiero pensar que la multiplicidad de culturas que vivimos es buena. Ser inglés hoy es cuestión de lenguaje, que adoro y quiero mantener a salvo, sobre todo de americanismos (el de EE. UU.). No estoy en desacuerdo con las influencias, muchas llegaron de India y lo enriquecieron. El problema con el inglés de Estados Unidos es que lo empobrece, y no quiero que nos convirtamos en una ínfima versión suya”. Ganador del Premio Booker, el más prestigiado de Inglaterra, recientemente viudo, consideran su obra maestra El loro de Flaubert. Del exceso de metáforas en la escritura de Flaubert, queja del mismo francés, Barnes dijo que “es una extrañeza porque los escritores no tenemos suficientes. Yo estaría encantado con las que le sobraran a él. Sus cartas son cristalinas, fluyen de primera mano con sus metáforas y todo. Sus novelas están trabajadísimas, pulidas, refinadas, destiladas. Mucha gente las encuentra lapidarias, perfectas, pero así era. Creía que una línea de prosa debía ser como un verso. Fue quien elevó la novela a la poesía. Dejó las bases para seguirlo. Parte de nuestra literatura (la inglesa) es conservadora en exceso. Sobre todo si hablamos de forma. No se muestra interés en eso como parte de la experimentación. Estilísticamente se toman riesgos como los de Martin Amis. A mí sí me interesa. Para citar de nuevo a Flaubert, no hay forma sin idea ni idea sin forma. Los lectores, también conservadores, tienen parte de la culpa”. Lo entrevistó Jesús Ruiz Mantilla para El País.
