Entrevista a Edgar Cortez/Investigador del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia
Moisés Castillo
Los casos Ayotzinapa y Tlatlaya revelan el grave deterioro de los derechos humanos en México. Ya lo dijo José Miguel Vivanco, director ejecutivo para las Américas de Human Rights Watch: el país vive la peor crisis de derechos humanos desde la matanza de Tlatelolco en octubre de 1968. Cuarenta y tres estudiantes normalistas desaparecidos y miles de personas más. Nuestro presente es la normalización de la tragedia. México es una gran ofrenda donde se desprecia la vida.
“Las desapariciones son muestra de la degradación más profunda en la que ha caído México en ámbitos como la justicia, la violencia, la vigencia de los derechos humanos, la corrupción y la impunidad… Estamos hablando de vidas humanas, de un drama nacional, ésta es una crisis de derechos humanos que sufre México, que no tiene comparación en la historia contemporánea, esto es de una profundidad muy seria”, afirmó el funcionario de Human Rights Watch.
Candidatos
Ante esta realidad gris, toma una mayor relevancia la designación del nuevo titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). El próximo 15 de noviembre termina el periodo de cinco años de Raúl Plascencia Villanueva como presidente del organismo, por lo que el Senado de la República debe designar a más tardar el día 13 de este mes a un nuevo titular para ocupar el cargo o, en su caso, reelegir al actual.
Una vez concluidas las comparecencias y audiencias públicas, las comisiones de Derechos Humanos y de Justicia elaborarán y propondrán al pleno el dictamen correspondiente para definir la titularidad de la CNDH para el periodo 2014-2019. Hay que destacar que la institución ha sido encabezada por Jorge Carpizo Mc Gregor (1990-1993), Jorge Madrazo Cuéllar (1993-1996), Mireille Roccatti Velázquez (1997-1999), José Luis Soberanes Fernández (1999-2009) y Raúl Plascencia Villanueva (2009-2014).
Entre los candidatos a encabezar la CNDH destacan el actual ombudsman, Plascencia Villanueva; Carlos Pérez Vázquez, coordinador de derechos humanos y coordinador de asesores de la presidencia de la Suprema Corte; Sara Irene Herrerías, extitular de Pro Víctima; Mauricio Farah Gebara, secretario general de la Cámara de Diputados; Luis Raúl González Pérez, abogado general de la UNAM; Ricardo Bucio, presidente con licencia del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación; Luis Armando González Placencia, expresidente de la Comisión de Derechos Humanos del DF; Patricia Olamendi, exsubsecretaria de Relaciones Exteriores.
Organizaciones especializadas en derechos humanos y expertos en la materia aseguran que de 2009 a 2013 en promedio sólo 3.4 por ciento de las recomendaciones que emitió el actual ombudsman nacional fueron cumplidas a cabalidad.
Asimismo, de 2009 a 2013 se presentaron 8 mil 700 quejas al año, y sólo uno por ciento concluyó en recomendación. Además, el organismo tuvo en 2013 un presupuesto de mil 400 millones de pesos, mientras el del Instituto Federal de la Defensoría Pública, la mejor defensoría que tenemos, fue de 15 millones. Entre 2010 y 2014, la CNDH ha tenido aumentos presupuestales anuales de 12% en promedio, según cifras de los respectivos presupuestos de egresos de la federación.
Por su parte, el secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Emilio Álvarez Icaza, detalló que se incrementaron en un 30% las denuncias de violaciones a las garantías individuales en México.
“El año pasado recibimos 2 mil denuncias de 35 países de la región, donde el 25% correspondieron a México, es decir, una de cada cuatro acusaciones sobre violaciones a los derechos humanos… La Comisión espera que las acciones del gobierno federal lleven acciones en materia de justicia, combate a la impunidad así como la atención a las víctimas”.
Juristas y defensores de los derechos humanos coinciden en que el nuevo titular de la CNDH debe ser una persona con calidad moral, con plena autonomía del poder político, que responda a la necesidades reales de la ciudadanía lastimada por la violencia y que impulse una gran transformación institucional.
Los retos, autonomía e independencia
Para Edgar Cortez, investigador del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, el principal reto del nuevo titular es garantizar la autonomía e independencia de la CNDH. Además de transformar la actual crisis de derechos humanos con una dinámica de trabajo diferente. Debe privilegiar la cercanía con las víctimas y ser tolerante a la crítica.
“Necesitamos un ombudsman abierto a la crítica y sensible con las víctimas. Desde el doctor Soberanes ha habido una enorme intolerancia a la crítica, el actual no tolera cuestionamientos. Parece olvidar que, aunque sea un órgano autónomo, tiene que rendir cuentas. Es un órgano autónomo pero que funciona con recursos públicos y eso significa transparencia en su actuación”.
De los 22 candidatos a dirigir la CNDH, ¿cuál es la mejor opción o cuál es el menos peor? ¿Quién tiene la mejor propuesta?
Hay distintas calidades de propuestas, pero la dificultad que veo es que no me parece que la información que tenemos clarifique cuál es la calidad del diagnóstico que tienen los candidatos, cuál es la radiografía de la situación del país, de los problemas de derechos humanos. Hay muchos problemas de derechos humanos y si la institución quiere ser efectiva tiene que priorizar ciertos temas. Si quiere hacer todo al mismo tiempo, eso diluye los esfuerzos. No hay un programa que tenga una clara jerarquización de temas y me parece que ése tendría que ser un elemento a calificar en el proceso. Además saber cuáles de esos asuntos pueden tener una mayor repercusión positiva en derechos humanos. Como instituto no hemos apoyado a nadie en particular. Hemos insistido en el procedimiento y en qué es lo que se debiera calificar en este proceso en términos de las propuestas de los candidatos.
¿Qué debe calificarse en las comparecencias de los candidatos?
Qué proponen en concreto para darle vigencia a la autonomía constitucional. La autonomía desde 1999 está en la Constitución, pero el reto es cómo pasarla del papel a la vida cotidiana como institución. ¿Qué proponen hacer? En ese tema de la autonomía, ¿qué papel le darían a los órganos de gobierno como el Consejo de la CNDH? Hoy el Consejo es invisible, no existe, no funciona, no es un contrapeso de la institución. Dicen que es un verdadero infierno, ya que el presidente de la CNDH ejerce un control total sobre éste. Debe impulsarse un plan de trabajo transparente, con metas, objetivos, resultados, que permita después evaluarlos. Otro elemento es cómo se van construyendo mecanismos más eficaces de rendición de cuentas. Los informes del actual ombudsman son informes poco sustantivos, y en donde seguimos teniendo grandes temas como hoyos negros. ¿Qué tipo de investigaciones hace la CNDH? Algunas organizaciones tratamos de acceder a este tipo de información, pero es un tema que está cerrado. El otro gran asunto es qué seguimiento le dan a las recomendaciones. Son temas de rendición de cuentas en diversas etapas. En la CNDH está muy impregnada la mentalidad de MP: la lógica es investigar delitos y funcionar en relación de las denuncias presentadas. Tendríamos que pensar en una CNDH proactiva, que vaya a investigar violaciones a los derechos humanos, que investigue realmente.
Visión jurídica
En esta crisis de derechos humanos, ¿qué perfil debe tener el próximo titular de la CNDH?
Una persona que tenga una trayectoria probada en derechos humanos, no sólo un teórico. Segundo, alguien que en esa misma trayectoria muestre una sensibilidad y capacidad de empatía con las víctimas. No podemos tener a un presidente como el actual que vive en el último piso de la CNDH lejos de la realidad. Tiene que ser alguien que tenga una visión jurídica que no necesariamente sea abogado, puede ser alguien que venga de la ciencia política, de la sociología, de la antropología social y otras disciplinas con una visión jurídica. Alguien que impulse políticas públicas que se requieren para cambiar las causas de los problemas de derechos humanos. Que tenga una capacidad real de darle rumbo a la institución, explicar a los demás hacia donde tiene que ir la CNDH.
En este repensar de la CNDH, los candidatos coinciden en que el organismo debe tener una renovación profunda, ¿qué tipo de reformas o cambios requiere el organismo a 24 años de su creación?
De entrada, no hay que hacer muchas reformas. La CNDH tiene en la ley y en la reforma constitucional de derechos humanos de 2011 una gama de facultades enorme. Lo primero que debe hacerse es usar todos los recursos que tiene, como las recomendaciones, tiene que recuperar su autoridad moral para que esas recomendaciones tengan suficiente fuerza. En este universo de quejas que no llegan a recomendaciones, se podría atender con una recomendación general de cómo cambiar un marco jurídico, de cómo mejorar el funcionamiento de una institución. Tiene la posibilidad de acciones de inconstitucionalidad para contribuir a mejorar leyes y hacerlas más armónicas con los derechos humanos. Otro gran tema viene de 2007 y es la contraparte del subcomité de la prevención de la tortura de la ONU. ¿Dónde está la propuesta preventiva de la CNDH? Algunos órganos, en particular el Senado, tendrían que establecer un equipo que haga monitoreo y seguimiento permanente de la actuación de la CNDH. Los informes del presidente de la CNDH ante el Senado son una mera formalidad, ofrece un discurso político y se acabó. Existe el riesgo de que se designe vía una decisión política y no con una decisión basada en evidencia objetiva de trabajo.
Expertos y organizaciones de derechos humanos aseguran que la CNDH está alejada de la ciudadanía y cercana al poder político, ¿coincide en este punto?
Es una institución muy alejada de la gente y con poca relación con las víctimas, salvo con aquellas organizaciones que le son totalmente afines. Todos vimos ese gesto de arrogancia de Raúl Plascencia de llegar a su inscripción con 2 mil 600 cartas de respaldo de organizaciones de derechos humanos. A mí me gustaría que hiciera pública esa lista para saber quiénes son y qué hacen esas organizaciones a favor de los derechos humanos. Ninguna organización seria apoya a Plascencia. En el caso de la masacre de San Fernando, llegó al extremo de litigar el caso en tribunales, las víctimas y familiares estaban del otro lado. El punto de litigio era que las víctimas pedían ser tomadas en cuenta por la CNDH. Gran ejemplo que muestra una paradoja: una CNDH tan alejada que va a tribunales a discutir estos temas. Hay una necesidad de que la CNDH tenga vías de comunicación y coordinación con la gente.
Deterioro institucional con Plascencia
¿Cómo calificas los cinco años de Plascencia al frente de la CNDH?
Son años que fue deslizando a la CNDH en un deterioro institucional, a menor credibilidad, a mostrar que los temas que le interesan son los temas mediáticos, muchos asuntos quedan ignorados y olvidados. En este proceso de crisis de derechos humanos nunca vi a la CNDH en un papel firme de qué hacer para enfrentar estos retos en la materia. Vemos una CNDH condescendiente y tiene un grado de responsabilidad en la crisis que estamos viviendo, por omisión, por no tener un papel más claro en defensa de los derechos humanos. Cuando se eligió a Plascencia fue un proceso que se llevó a espaldas y en contra de la opinión de las organizaciones civiles. El Senado debe entender que tiene responsabilidad en esto. Hace 5 años el Senado eligió a Plascencia, el Senado tendría que responder por esta decisión que tiene consecuencias. Es importante que los senadores comprendan que su decisión puede tener un costo para bien o para mal en materia de derechos humanos. Ojalá tomen una decisión con responsabilidad.
¿Y si es reelecto porque existe esa posibilidad?
Por supuesto. Si sucede quedaría en claro que al Senado no le importa lo que piense la sociedad ni las organizaciones sociales. Segundo, me parece que quedaría en claro que se privilegiaría una decisión política y no una elección en función de las necesidades y de la valoración de los perfiles, incluido el del actual titular. Abriría la posibilidad de que algunas organizaciones pudieran recurrir a recursos jurídicos, como el amparo, para cuestionar esta decisión que sería muy lamentable.
