Los coléricos violentos no pueden, ni podrán, amedrentar a una profesional del periodismo como nuestra directora.

 

“Linchamiento” orquestado en redes sociales contra Beatriz Pagés

 

Mireille Roccatti

 

A Beatriz Pagés con solidaridad y afecto.

 

Este otoño de 2015 será recordado por largo tiempo por los sucesos que han llenado de tristeza, amargura y desconcierto a la sociedad mexicana; la barbarie acaecida en Iguala, Guerrero, arrojó a un tobogán la vida pública y presenciamos actos legítimos de exigencia de justicia, que a todos conmueven, pero también actos de violencia irracional que la mayoría ciudadana repudia, no es válido ni legal exigir justicia cometiendo delitos.

Entre éstos, en especial nos indigna, repudiamos y condenemos el “linchamiento” orquestado en redes sociales en contra de nuestra directora de la Revista Siempre!, por expresar con claridad, dignidad y gallardía su visión de los acontecimientos recientes. En el ejercicio pleno de su profesión desde hace décadas, los coléricos violentos no pueden, ni podrán, amedrentar a una profesional del periodismo como nuestra directora; quienes así actúan ignoran que pertenece a una estirpe que ha escrito las más bellas páginas de dignidad periodística e independencia del poder político en la historia de México.

Y la violencia en su contra es también en contra de todos quienes expresamos libremente nuestro sentir, y ejercemos a plenitud la libertad de pensamiento y expresión. El ataque a Beatriz Pagés es un ataque a la libertad de prensa, lo que no es un asunto menor en este “tiempo de canalla”; quedarnos callados nos recuerda la sentencia de Bertold Brecht, en la Alemania nazi: “Vinieron por los homosexuales y callaste; vinieron por los discapacitados y callaste; vinieron por los socialistas y callaste; vinieron por los comunistas y callaste; cuando vengan por ti, no habrá nadie que alce la voz”.

Dentro de este contexto, el pasado 25 de noviembre conmemoramos el Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 1999.

La dictadura en la República Dominicana del general Rafael Leónidas Trujillo comenzó en 1930. El país había sido ocupado por los norteamericanos entre los años de 1916 a 1924, periodo en el que recibieron entrenamiento militar.

El dictador Trujillo utilizó diversos métodos para afianzarse en el poder, no sólo los de persecución a los opositores, realizó presión en las familias para  la obtención de favores sexuales de las mujeres jóvenes y  bonitas, las que si no accedían a sus demandas sexuales corrían el riesgo de perder los bienes materiales y, peor aún, ser declaradas enemigos del régimen.

En 1960 se descubrió la conspiración contra el tirano y las cárceles se llenaron de presos políticos, todos opositores a la dictadura, pertenecientes a todas las clases sociales, y muchos de ellos fueron posteriormente asesinados, entre ellos las hermanas Mirabal, quienes fueron asesinadas en una solitaria carretera, cuando regresaban de visitar en la cárcel a sus esposos. Así Las Mariposas —nombre con el que se les conocía en la clandestinidad opositora—, mujeres jóvenes y patrióticas, que no alcanzaban los 40 años de edad, fueron inmoladas, lo que conmovió las entrañas del pueblo dominicano y produjo la caída del régimen dictatorial.

En los tiempos que vivimos, esta conmemoración debe complementarse con el propósito de un cambio cultural para erradicar la violencia de cualquier tipo en contra de las mujeres y, desde luego, debe extenderse a todos los ámbitos de la sociedad, la convivencia social armónica sólo puede construirse en un ámbito de respeto, dialogo y tolerancia. Por ello, es importante alzar la voz colectivamente, para erradicar la violencia de nuestro México.