EPN debe hacer de la sociedad su gran aliada

René Avilés Fabila

El periodismo que circula en las redes está todavía distante de la seriedad que implica el quehacer informativo. Hay más pasión que argumentos y desde luego está movido por un natural resentimiento. Los opositores del sistema se apoyan en las redes para despotricar sin mucho reflexionar qué resultados darán sus explosivos comentarios. Desde luego, hay casos interesantes y serios, pero son los menos.

Acerquémonos un poco a lo que está sucediendo luego de la matanza de Ayotzinapa y de descubrir que la inseguridad ha convertido el país en una suerte de cementerio. Si el PRD y los grupos que nos dicen ser la izquierda son los responsables visibles, la campaña se ha dirigido contra Enrique Peña Nieto. Los críticos de las redes saben que la desaparición de los normalistas en Iguala es obra de perredistas y que en dicho partido prevalece una corrupción tan escandalosa o más que la que hemos visto en el PRI y en el PAN. Sin embargo, ahora piden la renuncia del presidente, lo miran como si él hubiera dado la orden de disparar contra los estudiantes. ¿Por qué?

Las razones son muchas. En principio, hay aversión larga y bien ganada hacia el PRI, enseguida tenemos a un gabinete que mal hace su trabajo. ¿Y los asesores de talento? Peña Nieto o carece de ellos o no les hace caso. Olvidó pronto los descalabros de su campaña presidencial y lo costoso de sus resultados. Los fracasos del sistema político han hecho sensible a la población. ¿Cuál era el objeto de presumir una residencia de alto costo o de ir al extranjero justo cuando el mandatario tenía que estar en México? Hay una larga fila de errores que pudieron ser evitados, por ejemplo el del IPN y la presencia creciente de anarquistas en las manifestaciones. Los cambios en el gabinete urgen, pero pesan más los compromisos de amigos. El colmo es que los discursos de priistas, perredistas, panistas y demás están llenos de falsedades, de hipocresía, y ahora que los jóvenes salen a las calles, la palabrería comienza a ser peligrosamente cercana a la de 1968. Con algo extra: los multimillonarios hacen política, sus intereses son los del Estado. No es posible pensar más en ellos que en los millones de mexicanos que padecen para obtener trabajo o cuando lo tienen son miserablemente remunerados.

No será fácil tranquilizar las aguas. El presidente Peña tendría que modificar su discurso y acciones y no lo hará. La inseguridad, la miseria, el crimen organizado no aparecen con él, pero sí son un producto de un pésimo sistema político que no es el adecuado, está visto. Para empezar, la familia presidencial debería ser más aguda y darse cuenta de que sus errores cuestan, y mucho. Y el presidente deberá en algún momento hacer una severa autocrítica del sistema que comanda. Hacer de lado la palabrería hueca de todos los partidos y todos los políticos y hablarnos con franqueza y verdad, hacer que la sociedad sea su gran aliada y no su enemiga. Sin embargo, nada sucederá, salvo lo que está sucediendo.

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