Ricardo Muñoz Munguía
(Primera de dos partes)
La personalidad de Ricardo Garibay deja ver fiereza y, sobre todo, inteligencia. Son características que brotan inmediatamente cuando se abunda sobre el autor de Beber un caliz. Por ello, al entrar en las páginas del volumen Señor mío y Dios mío. Ricardo Garibay: la fiera inteligencia, se desprende un saborcito a irreverencia, porque en este libro, que va en su tercera edición, desvela a un Ricardo Garibay en sus últimos días, días en que el dolor por el cáncer de próstata le arrancaban la personalidad de Garibay; es entonces que uno siente que no se trata del mismo Garibay. Sin embargo, conforme avanzamos en las páginas, se llega a la conclusión que se trata de un valioso aporte para comprender otro ángulo de Garibay, lo que se termina por entender la importancia que tiene para sus lectores; bien le valió el consejo que le diera Javier Sicilia: “escribe a espaldas del mundo”. Es así que ella va a pasos inciertos porque se adentra en un territorio de espinas, la de mostrar a Garibay desde su personalidad fiera y su inteligencia que exigía también inteligencia, con lo que se le veía que le dolía tratar, con la enfermedad que lo exponía lejano de su esencia. Y qué mejor que se encargara de esta tarea la poeta y narradora Alejandra Atala (México, 1966), quien fuera esposa de Juan Matías Garibay, hijo del escritor nacido en Tulancingo, Hidalgo, en 1923. Atala, dueña también de una gran inteligencia, sin proponérselo, inicia este libro, el que tiene forma de diario, y que inicia un 5 de abril de 1999, y cierra el 11 de agosto de ese mismo año; se inicia como “un trabajo indispensable para la formación literaria”, como lo asegura la autora pero que, principalmente, es debido a una relación de casi veinte años con Ricardo Garibay, al que conoció cuando ella contaba con apenas trece años de edad, y lo lleva a cabo con la irreverencia que se debía tener para estar frente a Garibay, y lo hace desde que se atreve a llamar “suegro” a Garibay; no le gustaba que se dirigiera a él de ese modo, él le pidió que sólo fuera “Garibay”. Alejandra Atala, finalmente, enfrenta no sólo a Garibay, sino que tiene que tratar con escenas o revelaciones, como la que le hiciera Ricardo Garibay, la de confesarle que tenía cáncer y su petición de guardar el secreto, o escenas como cuando Juan Matías, su marido entonces, entra junto con ella y ve a Ricardo Garibay que los esquiva, entonces Matías le dice: “traicionaba toda su enseñanza sobre el varón y dar la cara”.
El trabajo de Alejandra Atala es una labor irreverente que nos entrega, a la vez, un libro valioso, lo que le agradecemos a la autora, el que ella, también agradece a Garibay: “quisiera decirte cuánto agradezco tu existencia, sí, el haberte conocido de tantas maneras…”. Y, finalmente, como cierra el libro: “Gracias, gracias, gracias, Garibay, maestro, amigo, pariente… sí, suegro, ¡aunque te enojes!”.
