Ricardo Muñoz Munguía
Ricardo Garibay fallece a las once de la noche con cuarenta minutos del día 3 de mayo de 1999. Muere el día de la Cruz, día de enorme significado que conlleva con sus últimos días, los que retrata Alejandra Atala en su libro Señor mío y Dios mío. Ricardo Garibay: la fiera inteligencia. Y si hablamos de significados, acudo al diccionario de nombres de Gutierre Tibón, en el que se apunta sobre el nombre de Ricardo: “Jefe, príncipe poderoso”, y el de Garibay: “Vado del helechal”, que en resultado podemos ver que se trata de un Príncipe que entre un río guarda helecho, de plantas tupidas que se dan entre la humedad y la sombra, como fuera Garibay en gran medida: de constante avance, como enredaderas, pero sin asomarse más allá de lo que le dictaban sus sombras. Y si nos extendemos en sus significados, se le podría añadir uno extra, el de las mujeres y la mujer que fue, sin sugerir homosexualidad, como lo diría Granados Chapa en un artículo: “La prosa de Garibay es una mujer”, y Ricardo Garibay las vivió, las sufrió, las gozó, las maltrató, las hizo parte de su significado. Y precisamente se trata de una mujer, Alejandra Atala, la que atendiera la figura del Garibay que si bien nunca renunció a su personalidad, sí dejaba asomar sus dolencias, y con ella, además de todo ello, compartió su refugio, que era su biblioteca, su literatura; por tal razón, la autora afirma que ella nunca ha estado en ningún taller literario o escuela pues su mentor fue contundente con ella “olvida todo eso, aquí aprenderás más que cualquier universidad”, es así que Garibay comparte varios libros con Atala, quien atinadamente aprovechó el acercamiento que tenía con el escritor hidalguense, al grado que llegó a la situación incómoda de que nadie de la familia podía meterse con ella, cosa que no era necesaria pues ella no tendría ningún problema con la familia, incluso, su divorcio con Juan Matías, hijo del narrador, no tiene que ver con su relación con Garibay o el libro. Y cuando mencionamos “relación”, se trata del cómplice, del confidente, del amigo, —¡suegro no!—, pues como ella misma afirma: “de haber sido una relación carnal, nunca hubiera podido escribir este libro”. Así, Atala, cubierta entre dos amores vivos con el significado Garibay: Juan Matías (el compañero y esposo, del amor total) y Ricardo (el de la pasión literaria): “Es complicado hablar de mi relación con Garibay. Entre más pasa el tiempo, más me acosan las preguntas, ¿por qué lo quise tanto? y, sobre todo, ¿cómo hice para no hacer mezclas turbias entre mis emociones hacia él y mis emociones hacia Juan Matías? Creo que mi amor hacia Juan Matías, como el hombre de mis días, fue definitivo desde el comienzo. Y hacia Garibay, después del gran cariño por su generoso maestrazgo, sentí la insoslayable atracción literaria que representaba su persona para conseguir el entendimiento de las fibras de la hechura de ese monstruo angélico, quien movía todo a su paso tiránicamente: como personaje, esposo, padre, abuelo, amigo, cabrón, místico y santo”.
Alejandra Atala, Señor mío y Dios mío. Ricardo Garibay: la fiera inteligencia. Editorial De otro tipo (colección: No ficción De otro tipo), México, 2014; 260 pp.
