Marcela Palma

 Corría el año de 1969 cuando la conocí; martes 17 de un febrero loco que nos permitía disfrutar nuestros volcanes, el Ajusco y todavía se disfrutaba de esa “región más transparente” que Fuentes describió.

Era la primera vez que la carrera de Letras Hispánicas se abría por la mañana, apertura muy saludable sobre todo por los padres de algunos de nosotros que se aterraban de pensar que sus virginales hijas anduvieran por Ciudad Universitaria a las ocho de la noche. Aunque esto duró muy poco, el segundo año, necesariamente teníamos hasta dos clases vespertinas.

Pero regreso a ese martes despeinado por donde la Dra. Millán transitaba: menudita, de pelo muy oscuro, labios con un rouge un poco subido de tono y un ceño que a todos nos aterró. “Yo no puedo tener tantas alumnas, váyanse a la mañana” dijo la doctora y, gracias a Dios, este cambio nos libró de su clase. Eran tantas las leyendas que el viento dispersaba sobre la figura de la Doctora que no tenerla como profesora nos pareció una gran salvación. Ahora no estoy tan segura que haya sido un acierto, pero esto me permitió tomar la clase con el Mtro. Héctor Valdés; tan entrañable, tan querido y admirado como ella. Más tarde supimos que hubo una relación muy estrecha entre alumno y maestra. Fueron a Austin a buscar bibliografía y paseaban, comían, disfrutaban lecturas, películas con una amistad que duró hasta la muerte de la Doctora. (Poco más tarde moría también el Mtro. Valdés).

A pesar de su gesto adusto, su andar firme y su voz demandante y segura, la Dra. Millán fue muy querida en nuestra Facultad. Años más tarde, por esas veleidades del destino, yo también fui muy cercana a ella, pero poco aparecía ya por la Facultad, pues su vida académica se conjugó con su devenir público y, creo, perdimos a la profesora, pero ganamos una escritora preocupada por la literatura mexicana, por reunir autores y obras en el Diccionario. En fin, su camino por la cultura no sólo se ciñó a la literatura, sino en general se fundieron en una pluma imparable, una investigación pulida, buscada hasta en los rincones más apartados. Maestra, investigadora, escritora multifacética; trabajó toda su vida por y para la cultura, y por y para sus alumnos masculinos.

Es importante señalar que en 1953 obtuvo el grado de Doctora con los mayores honores y su Jurado estuvo integrado por escritores y profesores de mayor altura: Francisco Monterde, Agustín Yáñez, José Rojas Garcidueñas, Emilio Abreu Gómez y Manuel Alcalá.

En 1937, María del Carmen Millán se trasladó a la Ciudad de México, donde ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria en San Idelfonso. Tres años después, entró a la Facultad de Filosofía y Letras. Su primera contribución literaria, “Poesía y música”, data de 1941 en la revista Tierra Nueva.

Los dos años siguientes fue nombrada delegada en el Congreso de Literatura Iberoamericana de la Ciudad de México y Berkeley, California.

En 1963, recibió de parte del gobierno francés las Palmas Académicas. En 1965 viajó a Europa, donde impartió conferencias en las universidades alemanas de Berlín, Bonn, Hamburgo, Colonia y Heidelberg.

En 1967 contribuyó al estudio de las letras mexicanas con la publicación del Diccionario de Escritores Mexicanos, el cual, la Dra. Millán coordinó y prologó. La redacción corrió a cargo de Aurora M. Ocampo y Ernesto Prado Velázquez.

Para 1973 fue nombrada Directora de la Dirección General de Divulgación de la Secretaría de Educación Pública (SEP), al mismo tiempo es Directora General de Radio Educación, cargos que desempeñó hasta 1976.

El 28 de junio de 1974 es cuando Millán Acevedo fue electa miembro de la Academia Mexicana de la Lengua. El 13 de junio del año siguiente fue nombrada miembro de Número de la Academia, y se convirtió, así, en la primera mujer del país que fue designada como tal.

Ocupó la silla número XII, misma que ocupó Rafael Delgado, José Rubén Romero, Julio Torri y Rafael F. Muñoz. Ese mismo año fue declarada “La mujer del año”.

Escribió dos volúmenes de cuento mexicano de los siglos XIX y XX. A través de ambos volúmenes se pueden encontrar a cuentistas sobresalientes como: Rafael F. Muñóz, Jorge Ferretis, Juan de la Cabada, Francisco Rojas González, Efrén Hernández, Mauricio Magdaleno, Armando Olivares Carrillo, Francisco Tario y José Revueltas.

La Dra. Millán participó como delegada en los Congresos de Literatura Iberoamericana y Congresos de Televisión Educativa; fue Directora del Centro de Estudios Literarios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y Secretaria del Departamento de Letras por la Facultad de Filosofía y Letras.

Otras obras de la Dra. Millán son:

El paisaje sinfónico: introducción a la poesía de José Manuel Othón, 1951

El paisaje de la poesía mexicana, 1952.

Índices del “El Domingo”, revista literaria mexicana, 1871-1873. 1959.

Literatura mexicana, 1963.

Recibió varios premios:

            Ordre des Palmes Académiques otorgadas por el gobierno de Francia en 1963.

            Miembro de la South Western Consul of Latin América Studies, en 1969.

            Miembro correspondiente de The Spanish Society of América, en 1971.

            Miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua en 1974.

El 1º de septiembre de 1982 se recibió la noticia de su muerte y con ella se fue una de las mentes más brillantes de la literatura mexicana.