Oscuros intereses tras las críticas

 

Alfredo Ríos Camarena

Los primeros dos años del gobierno de Enrique Peña Nieto se han caracterizado por el enorme esfuerzo reformista a la Constitución y a leyes secundarias; con la operación del llamado Pacto por México se realizaron importantes y diversas reformas en temas como trabajo, telecomunicaciones, educación, hacienda, transparencia, energía, política, entre otros aspectos torales. Esta etapa, en la que podemos coincidir o no, logró plantear un proyecto sólido hacia el futuro.

Sin embargo, las asignaturas pendientes de seguridad y economía no han podido cambiar las difíciles condiciones de un campo minado y desesperanzador; la igualdad y la justicia social siguen siendo objetivos hasta ahora inalcanzables; y la seguridad pública y la lucha contra el crimen organizado no han avanzado lo suficiente, por lo que la sociedad las percibe como las necesidades sociales más urgentes.

El nuevo decálogo del presidente Peña Nieto contiene reformas que pretenden resolver los temas que hoy indignan y enardecen a la sociedad, que tienen que ver con el Estado de derecho y la justicia.

La desaparición de la policía municipal —piensan algunos juristas— desnaturaliza el concepto del federalismo, sin embargo, dadas las asimetrías de la estructura municipal y las ineficiencias de estos organismos, sí se hace necesaria una reforma constitucional como la planteada por el Ejecutivo federal.

Las medidas propuestas son correctas pero insuficientes; se debe dotar al Consejo de la Judicatura Federal de mayores competencias para que, efectivamente, se convierta en un órgano que controle el Poder Judicial, para evitar la ineficiencia y a la corrupción; reformar los ministerios públicos ya que en la justicia de “barandilla” se cometen muchas arbitrariedades y abusos que ofenden a los mexicanos; modificar el sistema penitenciario, ya que las cárceles mexicanas son escuelas del crimen donde las grandes organizaciones criminales captan nuevos delincuentes.

Debemos hacer un análisis frente a una sociedad indignada que está siendo manipulada por intereses oscuros, reflexionando y cuestionándonos ¿quién controla y manipula a los anarquistas? ¿Por qué las fuerzas del magisterio insurgente se pronuncian en forma delictiva y violenta, y ninguna autoridad, local o federal, es capaz de contenerlos?

Algo grave está pasando en el país, debemos detenerlo; una cosa es la crítica y el derecho de manifestarnos, y otra la manipulación por parte de fuerzas extrañas a las estructuras institucionales.

Recordemos que la acumulación del dinero y los grandes negocios —pisoteando las soberanías nacionales— son la razón de la existencia del neoliberalismo, y por ello les afecta que esté emergiendo una nueva fuerza financiera, militar y productiva, como China, que amenaza sus intereses, y sobre todo, la inversión exponencial del gigante asiático en nuestro país.

No sería descartable que a esta nueva China se le enfrenten las viejas técnicas y tácticas de desestabilización, que tantas veces hemos sufrido en América Latina. Ojalá no estemos frente al retorno de estas siniestras prácticas.