Carmen Galindo

Como todo mundo, quería, en esta ocasión tan especial, el centenario de José Revueltas, escribir sobre Los errores, un texto muy preciso y muy completo, definitivo, no para él, sino para mí. Luego, dejé de lado esta idea, lo pensé mejor, y es lo que voy a intentar: decir, de modo resumido, lo que considero más importante.

Me pregunto, ¿si la función que le daba a su obra literaria no sería para él, para nosotros, lo fundamental? Revueltas consideraba que el arte, al menos el suyo, tenía la tarea de desenajenar. Como marxista, no negaba, y lo cito textualmente: que “la cultura, el arte y el pensamiento están sometidos a la enajenación de una sociedad dividida en clases” (p. 4). Pero como buen conocedor de Marx, añade que: “el arte, la ciencia y la filosofía como expresión más elevada del pensamiento humano, desempeñan en la sociedad y en la historia un factor de libertad, un factor de desenajenación”. (loc. cit.) Ahora bien, “… el hombre está enajenado a la clase más poderosa, pero se desenajena mediante las revoluciones o la lucha contra la opresión de la clase dominante”. (P. 5) Aquí está, creo, el planteamiento fundamental de Revueltas, de su literatura y de su militancia política, la revolución y la literatura no están desvinculadas, se dirigen al mismo fin: la desajenación del hombre.

El tema central de las novelas de Revueltas, de modo más explícito en Los muros de agua, Los días terrenales o Los errores, menos visible aunque no ausente en El luto humano, es el del partido. Por eso, creo, que el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, es su libro político fundamental. Sus expulsiones y retornos al Partido Comunista Mexicano, y no digamos el espartaquismo o su lombardismo obedecen a esta misma búsqueda. Por eso, cuando Enrique Ramírez y Ramírez y Antonio Rodrígues, con el seudónimo de Juan Almagre, consideran obras contrarrevolucionarias Los días terrenales, el primero, y El cuadrante de la soledad, el segundo, Revueltas, en una actitud sorpresiva para muchos intelectuales, intenta retirar de la circulación su novela y suspender las representaciones de El cuadrante de la soledad. (Anecdóticamente, hay que añadir que de Los días terrenales se vende un solo ejemplar y El cuadrante … llega a las cien representaciones por el éxito sin precedentes de la obra teatral y las presiones de Diego Rivera que le pide a Revueltas no retirar la obra). Es significativo que para su publicación en editorial Era, la frase de “no amanecerá nunca”, centro de la polémica, está suprimida y sólo parece en una nota a pie de página como un recuerdo de Rosaura Revueltas, que interpretó el papel de Piedad que es el personaje que dice la controvertida frase. Esa misma frase, esta vez en boca de un personaje de Los días terrenales, provocó la crítica de Enrique Ramírez y Ramírez que se publicó con el título de “Sobre una literatura de extravío” y que aparece en la edición de Archivos como parte del Dossier. Hace unos meses, en un homenaje a Efraín Huerta, David, su hijo, fue interrogado por un joven del público sobre la relación de Efraín con el “priista” Ramírez y Ramírez, David Huerta, quien por cierto ha escrito los textos más memorables sobre la obra de Efraín, contestó que su padre tenía la amistad como un valor supremo encima de las diferencias políticas, pero a la pasada, y eso quiero destacar, mencionó que Efraín había sido acusado dentro del PC por inclinarse a la filosofía existencialista. Y eso es precisamente, el centro de la crítica de Don Enrique a Los días terrenales. Presencia, la del existencialismo sartriano, que es destacada por Edith Negrín en su ensayo sobre la intertextualidad en la literatura de Revueltas y aceptada por el mismo José Revueltas en lo que fue el prólogo a sus obras completas de Empresa Editoriales, y que ahora aparece como el prólogo a Los muros de agua, en la edición de Editorial Era. No puedo tratar aquí, por su extensión, este tema que por otro lado abordo en mi texto de homenaje a Don Enrique, pero el motivo del pleito con el PC es en ambos casos lo que los jerarcas del Partido advierten en Efraín y en Revueltas, es su posible alejamiento de la filosofía marista y su interés por el existencialismo, corriente a la que se juzga pesimista. En Revueltas, ese pesimismo,          que me temo acabará por alcanzarlo, se ve como una negación de la revolución. Dice David Moreno, en el ensayo que a mi entender es el más riguroso que se ha escrito en este centenario y que el lector puede consultar n un número anterior.

Los compañeros de Punto Crítico me enseñaron a leer las manifestaciones. Uno toma nota de las principales consignas que se leen en las mantas y gritan los manifestantes, pero también, y esto es el abc, los contingentes que lo forman, tales como estudiantes, sindicatos, maestros, etcétera. No suele verse así la literatura y creo que es importante, Zola es el primero, creo, que coloca en su mira a la clase obrera y Balzac, aunque monárquico Marx dixit, a la burguesía. En México, sólo José Revueltas, primero, y Elena Poniatowska, después, tienen como personajes de sus novelas a los comunistas. Este es, para mí, el primer rasgo que singulariza las novelas de Revueltas. Comunistas son los personajes protagónicos de Los muros de agua, El luto humano, Los días terrenales y Los errores.

Revueltas cumple sus 15 años en la correccional acusado de sedición y motín, vale decir como preso político. En 1932 y en 1934, está preso en la colonia penitenciaria de las Islas Marías, y en 1968, en Lecumberri. Cuentan Juan de la Cabada y Eli de Gortari, que también conoció la cárcel de Belén y consta también que la de Santiago Tlatelolco. De ahí surgen los personajes de sus novelas, los presos políticos, sobre todo los comunistas y los delincuentes, vale decir el lumpen-proletariat o proletariado andrajoso.

En la cárcel, todo está a la vista, los defectos y las virtudes, o por mejor decir, la grandeza y las mezquindades del hombre: el alma al desnudo, inocultable. Esa es su materia novelística y por eso su metáfora central es todos vivimos apandados, en la celda de castigo. La antípoda es la libertad, pero a la libertad hay que llegar por la desenajenación, abriendo la puerta de la cárcel ideológica, de las idées recus que diría Marx, de las que nos impone una sociedad dividida en clases. La clase obrera mexicana carece de cabeza, vale decir de cerebro colectivo, es decir, es un proletariado sin cabeza, un proletariado sin partido. Por eso, ese es el tema de Los días terrenales y de Los errores y de sus libros teóricos, el Proletariado sin cabeza y de Dialéctica de la conciencia. Lo que explica su ir y venir al PC, al Partido Obrero Campesino, al Partido Popular y al espartaquismo. Desenajenar al hombre es la finalidad de la literatura de Revueltas y el partido que propone tiene como tarea fundamental la desenajenación. Por eso un capítulo central de Los errores se titula “El Partido” y en el capítulo siguiente acuña la frase que me hace sonreír siempre “la angustia de partido” porque lo convierte en existencialista y comunista como siempre lo fue, convicto y confeso.

La otra gran metáfora de Revueltas es la de la Iglesia roja, lo que le sirve para acusar al estalinismo de dogmatismo y en última instancia, de censura y cárcel ideológica. Como es sabido, la idea de la Iglesia roja proviene de Trotsky. Y recuerdo que en el 68, Revueltas se reunía en casa de la actriz Selma Beraud con Luis González de Alba, Arturo Azuela, el gran Luis Prieto y con Ignacio Osorio, en esas fechas, junto con Manuel Aguilar Mora, el líder indiscutible de los trotskistas mexicanos cuando formaban la agrupación política de Grupo Comunista Internacionalista de la IV Internacional. Pero nunca he sabido bien a bien si al final se unió a los trotskistas, en el Ensayo sobre un proletariado sin cabeza, de 1962, se reconoce, al contrario, como marxista-leninista. Y no hay documento que avale su trotskismo. De cualquier manera, sólo sería una curiosidad, porque no aparece en su literatura, salvo como la metáfora de la Iglesia roja. En cambio, si no recuerdo mal, en El apando ya sólo aparece en la visión del mundo como cárcel, la delincuencia y no los presos políticos, lo que es coherente con el texto desilusionado de Dialéctica de lo concreto.

Dos cuestiones literarias más. En general, los escritores tienden a exagerar, podría decirse que la hipérbole es casi inseparable de la literatura. Cuando Martín Luis Guzmán, describe a Álvaro Obregón en El águila y la serpiente, que cabe dentro del género de la crónica o las memorias, le atribuye ojos de gato, pero en la novela La sombra del Caudillo, los ojos se han vuelto de tigre. Pues bien, una de las reflexiones más impresionantes que he leído es cuando Revueltas advierte que la realidad de las Islas Marías era más atroz de lo que aparece en Los muros de agua, pero tuvo que atenuarlo, porque de dejarlo tal cual ocurrió, de tan doloroso, de tan atroz, asegura, no sería verosímil.

Un recuerdo personal, porque creo que es importante para revelar a Revueltas. En la obra e Revueltas, ando siempre a la caza de lo que tiene su correlato en la realidad. No puedo dejar de pensar que el personaje de Ernesto cuando pisa el muelle de las Islas Marías, grita: Viva el partido Comunista. Este grito, que ocasiona en la novela (y en la vida real) que manden a los presos políticos a Arroyo Hondo, el apando de las Islas Marías, según el testimonio de Miguel Ángel Velasco, fue lo que gritó en la vida real el joven Revueltas al llegar a las Islas. Otro caso, su ingreso al Partido Comunista es exactamente como se cuenta en Los errores. Un muchacho reparte propaganda y Revueltas lo sigue, un hombre le cierra el paso pidiéndole un cerillo para encender su cigarro, porque piensa que Revueltas es policía. El futuro escritor se da cuenta que el estorbarle el paso no es casual y se identifica. El hombre le invita un café y le revela a Revueltas en la vida real, a Jacobo Ponce en Los errores, dónde se reúnen los comunistas esa noche.

Esto lo cuento, porque Revueltas escribe al pie de la realidad. Se obliga, como dice, a mantener los ojos abiertos. Una tarde, estaba en mi casa y sonó el teléfono, yo había conocido a Revueltas meses atrás, en 1967, y pidió hablar conmigo. Me extrañó, no recordaba haberle dado mi teléfono y fue la única vez que me llamó. Apenas contesté me dijo: Carmen le llamo porque leí su prólogo a Eugenia Grandet y La piel de zapa, y usted escribió ahí algo muy importante, dice que la literatura realista, como la de Balzac, inventa. Eso reiteró es muy importante, fundamental. Cruzamos algunas palabras más y comenté con mi hermana: Qué amable José (me había pedido que así le llamáramos Malena y yo, no Pepe) mira que llamarle a una joven para felicitarla por el primer texto que publica. En otras palabras lo tomé como una atención a mí, sólo más tarde comprendí que era importante para él, que lo que me estaba diciendo es que su literatura va al pie de la realidad, pero es ficción, creación literaria. Aquí no hubo espacio para eso, pero lo que me atrae al leerlo es la sorprendente invención del Muñeco, del enano, del acto de feria, del robo del prestamista, de las prostitutas como la anciana Colombina que encarno en El cuadrante de la soledad Prudencia Griffel, la Jaiba y la Magnífica o la Luque de Los errores. Y también, aunque sean copias del natural, Olegario Chávez o el Fidel de Los días terrenales.

El día de su muerte, me contaron corrió el rumor de que iba a ir el entonces presidente Luis Echeverría, y los muchachos en un gesto tan inteligente como desesperado lo sacaron de la agencia funeraria y lo llevaron al Che Guevara en Ciudad Universitaria, adonde obviamente no podía entrar Echeverría. Su muerte fue metáfora de su vida murió huyendo.

Yo estuve en ese auditorio Che Guevara el día que Revueltas se unió a la lucha del 68. Llegó y le dio la palabra Roberto Escudero, en ese momento del Comité de Lucha de Filosofía y Letras, vale decir representante de nuestra facultad al Consejo General de Huelga. Al tomar el micrófono, Revueltas dijo algo así como vengo a presentar el apoyo del Bloque de Artistas e Intelectuales al movimiento estudiantil. Todos los que estábamos en el auditorio, unos 500, aplaudimos con un entusiasmo delirante. Y enseguida, pregunta Roberto: “¿Y quiénes lo integran compañero Revueltas?” ”Por el momento, yo”. Y ahí la primera lección política, al día siguiente, organizados por Revueltas, decenas de intelectuales manifestaron su apoyo al movimiento. Eso es parte central de la política, la capacidad de organizar.

Líneas arriba, escribí que el tema de Revueltas es el partido político y hoy, a 25 años de la caída del muro de Berlín y otros tantos de la Unión Soviética, pensará que el tema del partido está fuera de moda. Pero basta ver hoy a las masas en la calle para comprender lo urgente que es el cerebro colectivo, la cabeza del proletariado, el partido.

Y con esto termino. En el 86 y 87, cuando el Consejo Estudiantil Universitario luchó por la gratuidad de la enseñanza en la UNAM, los estudiantes pintaron en letras gigantes en el estacionamiento de Filosofía y Letras estas palabras que hoy con los estudiantes de la normal de Ayonzinapa nos vuelven a quedar a la medida: “Ay, José, que falta nos haces en estas revueltas”.