Juan Antonio Rosado
1) En un principio, es la motivación (y tal vez alguna o varias intenciones). Por ello, la forma es un vehículo y jamás un fin. Si no tienes nada qué decir, no escribas. Sobran los apantallabobos a quienes no les falla ni una coma. Caer en asuntos triviales, secundarios o desviarse del tema central producirá tedio, aunque haya virtuosismo verbal.
2) A menudo es mejor que el cuento surja completo en tu cabeza, con desenlace incluido. De este modo, no correrá el riesgo de desbordarse y convertirse en otra cosa, como una novela. Haz un retrato físico y sicológico del protagonista. Al escribir el cuento, irás dosificando la información, suprimiendo y agregando los elementos necesarios para producir los efectos que deseas. Recuerda también: no hay personaje sin escenario, ni escenario sin atmósfera.
3) El léxico y el estilo como procedimiento o técnica deben adaptarse al tema y nunca al revés. Recordemos que estilo no es sinónimo de ornamento ni de sobreadjetivación. El amaneramiento es válido para ciertos personajes. No olvides que el cuento es producto de un trabajo de joyería: nada debe faltar ni sobrar. Todo ingrediente debe ser significativo.
4) En los diálogos debes usar los registros lingüísticos adecuados a la condición cultural de los personajes. Cada uno de ellos tendrá su propia forma de hablar; de lo contrario, no encarnará del todo, por más bien descrito que esté. La verosimilitud es la meta más importante: engañar al lector haciéndole creer que todo es natural, espontáneo. Incluso si un personaje nos repugna, preguntémonos por qué, pero ante todo, elogiemos al autor que pudo hacerlo tan real.
5) Es mejor sugerir que explicar desde la voz narrativa. El exceso de explicación disminuye la intriga o el suspenso: mata la tensión e insulta la inteligencia del lector. En cambio, a veces describir un poco más aumenta la tensión si estamos ávidos por conocer la respuesta de alguna intriga.
6) Los personajes no deben ser sólo su nombre. Eso los degrada a personajes de chiste o de anécdota. Sin embargo, tampoco deben ser pinturas o estatuas. Justo porque la expresión verbal se manifiesta a lo largo del tiempo (de forma diacrónica, como la música), el lector va reconstruyendo las imágenes y sería soporífero elaborar una descripción exhaustiva o en bloque. Ten cuidado con el exceso de enumeración de rasgos, pero tampoco evites la descripción. Un personaje siempre aparecerá fragmentado, pero no ocurre otra cosa en la vida real: las personas y los objetos se nos aparecen siempre fraccionados; los vamos conociendo de manera paulatina: primero, una cicatriz acompañada por un carácter dulce; luego, un olor, una vieja experiencia u otro rasgo físico o moral.
7) A menudo es mejor dejar que los personajes se muestren en sus acciones, sin emitir opiniones morales desde la voz narrativa, a no ser que se emplee el estilo indirecto libre. También esto es parte de la sugestión visual y de la experiencia sensorial. Es posible describir mientras narras o aprovechar una acotación para hacerlo. Algún personaje puede lanzar una opinión sobre otro, mas no caigas en la tentación de enjuiciarlo.
8) No es aconsejable inundar el texto con detalles que no vengan al caso. El exceso de datos puede obedecer a un afán de representar con exactitud, miméticamente la realidad. Hay que recordar que ni siquiera la realidad aparece en cada uno de sus pormenores. Entonces, ten presente el proceso de selección y combinación que debes llevar a cabo como artista. El resto podrá inferirlo o imaginarlo el lector. Dosifica la aparición de referencias e intenta que, cuando aparezcan, sean significativas, tengan una función, abran o cierren puertas.
9) La audiencia en la que pienses dependerá de tu tema e intenciones. No debes abaratar el nivel del cuento sólo para agradarle a un gran público. Tampoco debes pensar en el éxito o en el fracaso, ni en el dinero, ni en la fama. Hay medios más eficaces para conseguir todo eso.
10) Cuando por cuestiones de emoción estética tengas que poner una determinada palabra, hazlo, aunque no le guste a cierto público. Ya lo decía Jorge Icaza: en literatura no hay ni buenas ni malas palabras; sólo palabras bien o mal puestas. Todo exceso produce afectación y disparates. Cada palabra debe estar justificada estéticamente. El efectismo es lo gratuito.
11) Existen experiencias emotivas sui generis, distintas de las que experimenta la mayoría, es decir, maneras de sentir que se alejan de las formas comunes de sentir. Los autores que las plasman son menos leídos, estudiados o comprendidos. Sin embargo, eso no significa que sean menos buenos que los que tienen éxito sólo porque se adecuan a un sentir colectivo. A menudo ocurre lo contrario.
12) La sobreexperimentación es síntoma de falsa originalidad. El tratamiento del tema exigirá el mejor modo de plasmarlo, sin caer en lugares comunes ni en un trasnochado vanguardismo. En un cuento no puedes darte el lujo de introducir paja, lenguaje hueco ni otras banalidades sólo para apantallar a los incautos.
