Lectura de ADN identifica a individuos sanos con mayor riesgo

 

 

 

Dr. Gerardo Jiménez Sánchez

 

Nuestro genoma, es decir el ADN de cada individuo, se integra al unirse un espermatozoide y un óvulo para dar lugar a un huevo fecundado. Los seres humanos compartimos aproximadamente el 99.9% de la secuencia de los 3,200 millones de “letras” que forman la cadena de ADN. Sin embargo, cada individuo tiene su propia combinación en el 0.1% restante.

La secuencia de ADN de un nuevo individuo se transmite en forma idéntica a cada una de las células que formarán su organismo. Así, cada uno tendrá siempre una molécula idéntica de ADN en cada una de sus células sin importar el tipo de tejido que formen.

A lo largo de la vida, nuestro ADN puede sufrir cambios en algunas células causadas por agentes químicos, físicos o simplemente errores en la replicación del ADN al producir nuevas células. Estas mutaciones, conocidas como somáticas, no se heredan a la siguiente generación a menos que ocurran en las células que dan lugar a los espermatozoides o los óvulos.

El cáncer es una enfermedad con base genética en la cual la acumulación de mutaciones en una célula dan lugar a un descontrol en su velocidad de crecimiento, generando consecuentemente tumores.

A partir del surgimiento de la genómica, nuestra capacidad tecnológica de leer el genoma competo de las células y analizarlo comparativamente con otras del mismo individuo, o con el ADN de otros, ha incrementado sensiblemente nuestro conocimiento sobre las bases de la enfermedad humana.

El cáncer no ha sido la excepción. En diciembre de 2014 dos grupos de científicos de Harvard publicaron independientemente hallazgos que demuestran como la generación de mutaciones somáticas en la células que dan lugar a la sangre permiten predecir el riesgo que un adulto tendrá para padecer algunos tipos de cánceres sanguíneos, particularmente: leucemia, linfoma o síndrome mielodisplásico (http://goo.gl/SDhBhf y http://goo.gl/C6t0Km). Así, mediante dos abordajes completamente diferentes, estos grupos de investigadores encontraron que un porcentaje alto de individuos adquieren mutaciones somáticas que coinciden con las que se encuentran en los cánceres de la sangre. Estos individuos tienen 10 veces más probabilidad de desarrollar una enfermedad de este tipo en los años subsecuentes, en comparación con aquellos en quienes no se detectan estas mutaciones. La mayor parte de ellas se encontraron en tres genes: DNMT3A, TET2 y ASXL1.

El estado “premaligno” identificado por estas mutaciones se hace más frecuente con la edad. Es decir, su presencia es poco frecuente en pacientes menores a 40 años y se hace más frecuente con cada década que envejece el individuo, llegando a ser superior al 10% en personas que rebasan los 70 años. Los portadores de esas mutaciones tienen un riesgo general del 5% de desarrollar alguna forma de cáncer de la sangre durante los cinco años subsecuentes.

Se cree que las mutaciones encontradas confieren ventajas de crecimiento a las células que las contienen y a todas aquellas que se derivan de esa célula madre sanguínea durante su división normal. Así, las células mutadas comienzan a proliferar en forma acelerada hasta constituir una fracción desproporcionada en la sangre de esa persona. La acumulación subsecuente de otras mutaciones “contribuyentes” desencadenan la cascada hacia el cáncer.

Para analizar si la acumulación de esas mutaciones incrementa con la edad, los investigadores analizaron 160 genes que frecuentemente aparecen mutados en los cánceres sanguíneos. Los resultados de 17,000 muestras demostraron que efectivamente estas mutaciones somáticas incrementan con la edad del individuo, resultaron un poco más frecuentes en hombres que en mujeres y, en esa muestra, la población latina mostró una proporción menor de individuos con estas mutaciones.

Si bien actualmente aún no existe tratamiento para aquellos pacientes sanos con estas mutaciones, los hallazgos abren nuevas oportunidades para investigar estrategias para la detección temprana, e incluso prevención, del cáncer sanguíneo. De esta forma, comienzan a explorarse intervenciones que reduzcan el riesgo de que individuos con esas mutaciones desarrollen cáncer.

En México existen miles de adultos que padecen diferentes tipos de cáncer de la sangre y muchos miles más con riesgo a padecerlo. La integración de la medicina genómica al sistema nacional de salud pondría a México en situación privilegiada para implementar progresivamente estos y muchos avances más que la genómica ofrece para prevenir, diagnosticar y tratar enfermedades que afectan a la población mexicana.

www.genomicaybioeconomia.org

                                                              gerardo.jimenez@genomicaybioeconomia.org

 

Director del Programa de Medicina Genómica y Bioeconomía de la

Escuela de Salud Pública de Harvard.

Presidente Ejecutivo, Global Biotech Consulting Group.

Presidente de Genómica y Bioeconomía A.C.