Gerardo Yong
Indudablemente, no hay tiempo más maravilloso que la Navidad. Todo lo que conocemos dentro de nuestra civilización, se desparrama en un cauce de felicidad, de sensaciones agradables de tan sólo recordar que se acerca esa fecha mágica. Se prevén fiestas, intercambios de regalos, reuniones familiares desde lontananza, se planean vacaciones con una precisión como nunca antes en el año se había hecho. Se piensa en el regalo de los demás e, incluso, en ser más espléndidos que nunca. Lo lamentable es que se trate de un concepto visto desde una parcialidad y no del todo esencial.
En realidad, el acontecimiento que dio origen a la Navidad es uno de los más tristes en la historia de la humanidad. La persecución de una pareja que no era bien acogida en ningún lugar, pese al estado de embarazo que tenía María, los esfuerzos de José por buscar un camino solitario y peligroso para huir de sus perseguidores, quienes les buscaban afanosamente para hacer desaparecer a un niño que aún no había nacido y que ya era considerado una amenaza al orden establecido: el imperio romano y sus prefecturas en el exterior.
Cuántas veces se ha vivido esta experiencia en la persona de millones de seres humanos que llegan al mundo en condiciones desfavorables e, incluso, de alarmante peligro. En una pobreza que cala los huesos a través del descobijo que sufren los desterrados, el llanto de los exiliados; los enajenados de su propia vida. Aquellos que buscan nacer en un mejor ambiente que el que se les dio como origen, pero con la terrible obstaculización de un cambio que conlleve un poco de mejoría a su situación precaria.
El mundo se ha dividido en muchos mundos. No sólo es el de los países desarrollados o subdesarrollados, ahora también llamados “emergentes”. La radiografía geográfica muestra diversos mundos en un sólo planeta, desde los países con estados fallidos, hasta los que se edifican mediante negocios turbios, creando una cultura de la inestabilidad a través del terror, el extremismo, la violencia, la discriminación y el odio. Otros más sofisticados se levantan por encima de estos como “estados confortables”, que tienen bonanza económica, plenitud energética, equidad social y brindan a sus habitantes el sentido de esperanza en la vida que más de las dos terceras partes de la población mundial sólo sueña con tenerla.
La Navidad en realidad es la historia de los desterrados, de los perseguidos, de los apabullados por la violencia y el odio, de los receptores de la maldad que, al igual que la basura, todo mundo quiere sacar de su casa, aunque tenga que dejarla en la puerta del vecino. Al abrazar las creencias religiosas, también se abraza un modelo de vida que puede ayudar o empeorar según la manera en que el creyente la adopte o la interprete. Hoy es común, ver en las películas rudas de Hollywood, pandillas de robacoches que dan las gracias solemnemente a la hora de la comida, etcétera. El mundo del entretenimiento es también el mundo del tormento cinematográfico como para nunca olvidar que hay una delgada línea entre la realidad vivencial y un largometraje.
Alguien me dijo una vez que la mayor parte de los filósofos y pensadores que ha tenido la historia se han enfocado más en hallar un conocimiento eficaz, al estilo de la piedra filosofal ansiosamente buscada por los alquimistas medievales: la fuente del conocimiento incuestionable. Todos ellos, han destacado la felicidad, la bonanza, el placer, la sensatez, la racionalidad, el odio y la guerra, la competitividad, el patriotismo, etcétera, pero han denostado la humildad, el altruismo y, la libertad; la condición libre del ser humano y su derecho a una vida sin amenazas ni condicionamientos: eso es lo que se festeja en la Navidad.
Navidad es el nacimiento de cada uno en una persona mejor. Es el festival del nacer. La fiesta de la luz romana, pero también el cambio de una era y una actitud. Es una revolución espiritual que empieza por alejar la torva mirada de la insensatez, en busca de una plena liberación de todo aquello cuanto nos ata a la servidumbre mundana.
Siempre! agradece a las embajadas acreditadas en México por su participación con opiniones, entrevistas e información aportadas a este medio de comunicación comprometido con una información libre y veraz.
