Somos anteriores a la televisión, a la penicilina, a la vacuna contra la polio, a los alimentos congelados, al fax, a la computadora, a las bolsas de plástico, a los lentes de contacto, a la píldora.
Nacimos antes que el radar, la bomba atómica, las tarjetas de crédito y el rayo láser; ya vivíamos antes de las pantimedias, los hornos de micro-ondas, las cámaras polaroid, la ropa “wash and wear” y los teléfonos celulares.
En nuestros tiempos las conejitas eran simplemente unos animalitos y los escarabajos no eran volkswagens, jeans se les decía a las juanitas, y tener una relación intima significaba una gran amistad, sin ninguna implicación de otra índole. No se viajaba en jet, ni se soñaba con la guerra de las galaxias y sólo en la novela de Julio Verne el hombre había llegado a la luna.
Papá no cambiaba pañales, sólo cocinaba por afición y no por obligación, ni lavaba y secaba los platos, no había mujeres peluqueras ni “estéticas unisex”, no se hacían citas ni se concertaban matrimonios por computadora, ni tampoco había terapias de grupo, ni “stress“, traumas prenatales y smog. No había F.M., antenas parabólicas vía satélite, corazones artificiales, video cámaras, procesadoras de palabras, condominios, ni se veían hombres usando aretes.
No existían los McDonalds, ni la “fast food“, ni el video bar o la disco. De niños íbamos a la tienda de la esquina, por unos centavos comprábamos caramelos, goma de mascar o alguna otra golosina. Por 10 centavos viajábamos en tranvía, tomábamos un refresco o hacíamos una llamada telefónica. A Papá le costaba 30 centavos el litro de gasolina, y un solo automóvil era suficiente para la familia.
En nuestros días fumar cigarrillos era elegante. La yerba se podaba, no se fumaba. La salsa era un condimento, no se bailaba. La coca se bebía, no se inhalaba. Sida no significaba nada, Aids en inglés era un ayudante de oficina.
Conocíamos la diferencia entre los sexos, pero a nadie se le ocurría cambiar el suyo; nos conformábamos con el que teníamos.
Nosotros nos casábamos primero y después vivíamos juntos.
¿Nos quieren más anticuados?
Pero viéndolo bien… no la pasábamos nada mal.
