¡Mejor curarlas que exhibirlas!

Marco Antonio Aguilar Cortés

Cercanos a la Nochebuena y a la Navidad, deberíamos tratar temas agradables o, al menos, referidos a estos tradicionales tiempos.

Sin embargo, siento el deber de escribir sobre las actitudes que se vienen tomando frente a las purulencias sociales, en el mundo y en México.

Ante esas pústulas hay quienes sólo las exhiben, pero también existen quienes las curan o auxilian a sanarlas.

Considero de mayor valor a quienes curan la pus, atacando sus causas y sus efectos, que a quienes exclusivamente se solazan con irla exhibiendo por doquier.

Vileza ejercen quienes causan esas infecciones, mal hacen quienes solamente se dedican a enseñar esas supuraciones. Bien actúan los que con eficacia logran sanarlas.

Los que roban del erario o del patrimonio de particulares, los que asesinan, los que lesionan, los que violan, los que cometen delitos, los que afectan los derechos humanos garantidos de los demás son parte de la causa de esa pus nacional.

Y esos motivadores de secreciones sociales, sean quienes sean, desde los más altos funcionarios públicos hasta los simples pobladores, deben ser sancionados conforme a derecho.

Empero, los simples exhibidores de esa pus, los que exclusivamente lo hacen por provocar escándalo, mayores broncas, pendencias, publicitación personal, revolver las aguas para ver qué pescan, desde mi perspectiva únicamente enredan más nuestros problemas.

Así, a quienes debemos reconocer son a aquéllos que con su calificado trabajo, su esfuerzo talentoso, su valor inquebrantable, su sensibilidad de servicio a favor de los otros, auxilian eficazmente a sanear los males de los seres humanos, en México y en el mundo.

Malala Yousafzai, paquistaní de 17 años, quien ha venido defendiendo el derecho a la educación en su país y recibió una herida de bala en la cabeza, y el hindú de 60 años Kailash Satyarthi, activista de los derechos de los menores, han recibido el Premio Nobel de la Paz 2014.

En la ceremonia de la entrega de estos premios, en Oslo, Noruega, un joven mexicano interrumpió la ceremonia, y ante los dos premiados exhibió un grave problema mexicano que todos lamentamos, pidiendo después asilo político.

Obvio que tiene el mexicano derecho a manifestarse públicamente, pero no de esa manera en aquella nación escandinava, por ello fue rechazada su solicitud de asilo, aprehendido, imponiéndole una multa de casi mil setecientos euros como “perturbador del orden público e intruso ilegal en recinto oficial”, y expulsado.

Las policías de México deben aprender. Jamás se mata a los manifestantes, sólo se les aplica la consecuencia del derecho si transgreden los límites normativos de esa garantía individual.

¡Razonemos al respecto!; no linchemos ni injuriemos.

Señalado lo anterior, formulo votos, estimado lector, para que en compañía de tu apreciable familia goces, en estos tiempos decembrinos, de lo mejor de la vida.