Alguna vez escuchaste hablar de los retiros tántricos, pues si aún no has escudado de ellos, te platicaremos algo de ellos; estos encuentros son cada vez más populares en el mundo y proponen acercarse a la dimensión más consciente e integral del sexo.

Los primeros retiros tántricos comenzaron a aparecer en Occidente durante la década de los 60, en Inglaterra y los Estados Unidos, cuando el movimiento hippie descubrió que era necesario conectarse con otro tipo de sensibilidad. Así, florecieron las prácticas de meditación y autoconocimiento en busca del amor y la paz interna para entonces hacer posible un mundo sin guerras. Estas “nuevas” disciplinas pronto revelaron otras maneras de conectarse sexualmente y surgieron también facilitadores que te guiaban a explorarlas.

En la actualidad, aunque en Latinoamérica el fenómeno en formato retiro es bastante reciente, en muchas ciudades de Europa, especialmente en las costeras, la oferta existe desde hace más de una década. Mientras, en nuestro país comenzaron a difundirse hace muy poco tiempo. Te contamos lo que tienes que saber de estas experiencias que pueden tentarte.

Generalmente, el rango promedio de edad de quienes asisten a los talleres residenciales ronda entre los 35 y los 60 años. La mayoría son yoguis treintañeros que quieren compartir su práctica con su pareja, que buscan una reconexión íntima después de muchos años de relación (aunque no se recomienda -y hasta se desaconseja- acercarse a los retiros con la esperanza de resolver conflictos profundos).

Para todos, el requisito es tener una buena sintonía interna para luego poder abrirse al otro de una forma sincera. Partir de la calma y el respeto es necesario por el bien no solo de nuestra pareja, sino de las otras que acuden a los talleres.

los retiros suelen realizarse en contextos abiertos a la naturaleza, esa es la razón por la que es tan frecuente en ciudades costeras de Europa y Oceanía.

Meditaciones dinámicas: se trabaja con el cuerpo en movimiento a través de danzas, tambores y clases de un yoga específico no tan difundido en nuestro país, que es el tantra yoga, el cual activa la energía sexual. La idea de todo esto es dar cuenta de zonas del cuerpo de las cuales no tenemos registro. A través de estas lecciones, poco a poco se empieza a entender (y a sentir) cómo funciona la circulación de la energía vital y se descentralizan las sensaciones erótico-sexuales de la zona genital, para ampliarlas a todo el cuerpo. El objetivo es abrir cada poro a la sensorialidad y convertir nuestra corporalidad en una gran zona erógena.

– Respiraciones conscientes: una función indispensable para poder trabajar el estado de presencia que el tantra propone. Se realizan ejercicios para conectarse conscientemente con la energía del otro.

– Herramientas para el vínculo: a nivel de la pareja, un retiro podría redefinir qué los une, desde dónde se encuentran, y acercarlos a otro nivel de profundidad y conexión.