Escuchemos voces como la de José Narro

René Avilés Fabila 

Los días que estamos viviendo no son fáciles, en cualquier momento podría desatarse al menos una revuelta de consecuencias inimaginables. Cada vez que los policías o las fuerzas armadas excavan, aparecen cadáveres, restos de cuerpos asesinados y mutilados. En días pasados, un diario dio a conocer una larga fila de fotografías de personas (principalmente jóvenes) desaparecidos. Para muchos son el resultado de la triste declaración de guerra que emitió Felipe Calderón cuando era presidente de México. Para las autoridades, por desgracia, son simplemente parte de una serie de hombres y mujeres que han desparecido y listo. No los buscan, en el mejor de los casos, hablan de estar siguiendo pistas.

En el Distrito Federal se han concentrado, como es natural, las protestas de los jóvenes que se sienten agraviados y lastimados por la posible muerte de compañeros suyos. En este contexto, las universidades públicas son muy sensibles. Como lo vimos en la UNAM. Por ello su rector, el doctor José Narro ha hecho un llamado a la prudencia. Lo importante de sus palabras es que las dirige tanto a estudiantes y profesores como a las autoridades capitalinas y federales. Un error, una equivocación, podrían hacer que la chispa se convierta en un incendio de consecuencia tremendas.

José Narro habló en la inauguración de la FIL de Guadalajara, sitio que se llena justamente de jóvenes estudiantes. Precisó: “Da la impresión por momentos que hay gente que quiere generar más problemas de los que tenemos. Yo he llamado a que no se actúe con violencia, y la violencia viene de muchas partes, tiene muchos orígenes. Toda es de rechazarse. No conviene a México, tenemos que entender todos que en este momento tenemos que entrar a un proceso de reflexión, en un proceso de sensibilidad y no actuar con imprudencias”.

José Narro es un hombre con una autoridad moral a toda prueba. Atrás suyo está la UNAM que es el símbolo de mayor prestigio educativo y cultural del país. Pero también puede ser un polvorín. Su inmensa población y la libertad de cátedra, su pluralidad y vocación social, la hacen sensible a los problemas del exterior. Es una caja de resonancia. Y el país, por ahora, es una suma de delicados problemas que no parecen tener una salida sencilla. De allí que las palabras del rector Narro tengan una gran vigencia y deban ser escuchadas por los jóvenes y por las autoridades del país.

Ya no bastan las promesas de “los vamos a encontrar”, o los llamados a no ejercer la violencia. Por desgracia es del poder de donde provienen los hechos agresivos y la reacción no se hace esperar. El presidente de la república debe modificar su discurso y pasar a las acciones que urgen, aquéllas que deben funcionar hoy o mañana. Es bueno que haya voces como la del doctor José Narro, pero sería ideal que las autoridades y los estudiantes las escucharan y consideraran. Somos un país atrasado, pleno de desigualdades, con un exceso de acciones injustas, con múltiples carencias, pobre, eterna víctima de los políticos y sus partidos.

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