Manotazo en el despacho presidencial
Alfredo Ríos Camarena
Es claro que nadie desea un régimen autoritario; el sistema democrático conlleva el respeto a los derechos humanos y a las garantías constitucionales que establecen la libertad de expresión, el derecho de petición, la libertad de reunión, entre otras; estos derechos fundamentales consagrados en los primeros artículos de nuestra Carta Magna son pilar fundamental para nuestras aspiraciones nacionales.
La tolerancia y el dialogo son instrumentos que dan resultados positivos y afirman el ascenso social de la república, ejemplo de esto es la negociación entre el gobierno federal y la Asamblea Politécnica cuyos resultados permitirán la mejoría académica y administrativa del IPN.
Sin embargo, cuando las fuerzas sociales se desbordan y se violenta gravemente el Estado de derecho —como ha sucedido en Guerrero donde se afecta el dominio público por los incendios a instalaciones públicas, las vejaciones a diversas personas, los cierres de carreteras y los desmanes retadores que desean provocar más violencia— el gobierno de la república debe utilizar la fuerza pública legitimada para mantener la paz social, sobre todo frente a un gobierno local paralizado por la ineptitud y la falta de oficio político, por eso, es necesario y urgente que el presidente de la república dé un ¡ya basta! a la impunidad y la violencia.
El Ejecutivo federal se deposita en un solo individuo denominado presidente de los Estados Unidos Mexicanos conforme al artículo 80 constitucional, sobre quien se ha volcado una campaña de agresiones por fuerzas vinculadas a intereses externos; llama la atención la reunión convocada por el presidente Barak Obama con el presidente Enrique Peña Nieto, no sabemos qué informaciones y qué panorama se estén avizorando desde la atalaya presidencial; sin duda, la inteligencia militar, el CISEN y otras fuentes de información le han dado al presidente informes confidenciales que le han impedido tomar decisiones drásticas frente a los acontecimientos desbordados en Michoacán y en Guerrero. Algo grave está sucediendo y no lo sabemos, es importante que el presidente retome a plenitud su liderazgo unipersonal y ponga en orden el país.
El precio del petróleo, la caída del peso y de la Bolsa de Valores impactan en nuestra economía, especialmente en la política energética, cuya reforma fue para permitir explorar en aguas ultraprofundas o utilizar el antiambientalista fraking para extraer gas, donde la Ronda Uno no lo contempla y sólo se ha referido —en esta primera etapa— a la explotación en aguas someras por ser más rentable y que Pemex podría afrontar sin ayuda externa.
Un “manotazo a tiempo” en el escritorio presidencial puede ayudar a superar los obstáculos que estamos atravesando, el presidente como jefe de las instituciones nacionales tiene la facultad para dar un nuevo rumbo, no sólo al proceso reformista, sino para darnos la confianza de que el país va hacia adelante, estamos en tiempo y es posible. México espera de su presidente decisiones que nos den la certeza de que este gobierno será esperanzador, creativo y eficiente.
