Juan Antonio Rosado
El amor entendido como pasión —el erotismo de los corazones, para evocar a Bataille— suele ser más violento que el simple erotismo de los cuerpos, y el ímpetu puede incrementarse con la ausencia o la distancia del objeto amado. No ocurre algo distinto cuando se trata de un amor inconfesable que transgrede las convenciones sociales y morales, por ejemplo: el amor entre hermanos. Justo el tema central de Y volveré a ti es el incesto “platónico”, que incrementa —por no consumarse— el misterio del otro, pero a la vez, inconscientemente, se busca a ese otro en los otros.
Lucio y Lina son hermanos en el seno de una familia de “clase” en que la mamá es madre “cuando se sentía mártir”, y el padre consentidor es padre “para las ocasiones extremas”. El lector percibe el crecimiento y el desarrollo de estos personajes y se involucra con otros —Beatriz y León, Gastón, Román, Willie, Diana o Rodrigo— a través de pinceladas y trazos oportunos, en medio de un oleaje narrativo caracterizado por su amenidad y fluidez. Pero también, desde ellos, se despliegan las topografías y la cronografía —necesariamente parciales— de una época (años sesenta y setenta) en diversos lugares, de ahí que el viaje (los viajes) sea otro de los temas, y cuando hay momentos de abandono que perfilan alguna transformación, la obra se vincula a la novela de formación. La alusión a Demian y Abraxas, por ejemplo, es una clave de lo anterior, pero la alusión a la Guerra de las galaxias tiene que ver más con la aventura y la exploración supuestas en todo viaje interior y exterior. Tanto la formación como la aventura se focalizan en Lucio y Lina, cuyos retratos dinámicos y grado de dependencia me recordaron un poco a la relación Holden-Phoebe en The Catcher in the Rye, de Salinger, pero con un amplio desarrollo, ya que la obra narra las historias paralelas de Lucio y Lina, y no se concentra sólo en la formación de uno de los dos.
El tono de la voz narrativa es entre lúdico, irónico y comprensivo (uno de sus recursos es la comprensión sicológica —para usar una categoría de Anderson Imbert—, combinada con el estilo indirecto libre). Sólo en los capítulos titulados “Intermedio” hay más reflexión: una reflexión desde la voz narrativa consciente de sus personajes y que se detiene a “poner las cartas sobre la mesa”, como se dice coloquialmente, es decir, a esclarecerse la estructura de la trama y de los seres que la habitan. El viaje, los existencialistas de inicios de los sesenta, el amor libre, la incipiente revolución cubana, la represión en un colegio religioso y el afán de libertad, los celos y el matrimonio, los modelos culturales que forjan el yo, la ruptura y el reencuentro, la disyuntiva entre deber y placer, son, entre otros, los asuntos que se entretejen para que profundicemos en los vericuetos de las relaciones amistosas, amorosas y familiares, así como en las inconfesables relaciones amorosas familiares.
Cecilia Urbina, Y volveré a ti. Editorial Terracota / Conaculta / INBA, México; 2013; 233 pp.
