Petróleo

Mireille Roccatti

La globalización no es solo la conformación de un gran mercado mundial y el libre comercio con sus nuevas reglas y esquemas de distribución, es también y sobre todo un nuevo reparto del mundo, sin necesidad de utilizar ejércitos y ocupar territorios.

Esta mundialización ha generado un nuevo equilibrio geopolítico y la terca realidad configuró un nuevo reparto del poder; primero en grandes bloques y ahora en vertientes multipolares, donde el papel de China es preponderante y donde Rusia, pese a quienes se apresuraron a enterrarla, está jugando un papel importante.

En la reconstitución de nuevos equilibrios, el papel del petróleo y el gas y por ende su precio tiene un papel importantísimo. Hoy, además de la guerra financiera que enfrenta a los Estados Unidos y varios de sus aliados occidentales en contra de Rusia, en el tablero mundial geopolítico se libra una guerra feroz por el control del flujo del petróleo y el gas, y la caída de los precios del crudo es un instrumento para inclinar el resultado de la batalla.

El fenómeno tiene varias y diversas lecturas, todas concurrentes. La principal explicación proviene de la política de Arabia Saudita, país que controla el nivel de producción de la OPEP y ejerce mayor influencia sobre los precios mundiales del crudo, y que ha expresado con claridad que “no les interesa recortar su producción, sea cual sea el precio… si el precio baja a 20, 40, 50 o 60 dólares por barril, eso es irrelevante”.

Asimismo, en la última reunión de la OPEP, ante la propuesta de otros países productores, como México y Venezuela, de reducir la producción para equilibrar los precios en el mercado mundial, la respuesta consistió en que Arabia Saudita y otros países del Golfo Pérsico pueden soportar por largo tiempo esos precios tan bajos del crudo ya que sus costos de producción son de apenas 4 o 5 dólares por barril. Por lo que puede inferirse que su objetivo es mantener muy alta la oferta a fin de sacar del mercado a los productores menos eficientes.

Y en este contexto, cobra relevancia el tobogán de deslizamiento a un precio ligeramente inferior a los 50 dls/barril, dado que con ese precio el 90% de los campos en EUA estarían impedidos de seguir operando, especialmente el complejo de Bakken, ubicado en Dakota del Norte, principal productor de petróleo por el sistema de la fractura hidráulica (fracking), ya que por sus elevados costos de producción se reduce sensiblemente su utilidad.

Y para el caso de México, el precio de 47 dólares solo nos permite un margen mínimo de utilidad, descontando costo de extracción, pero la repercusión en las finanzas públicas es grave a pesar de la cobertura de precio contratado oportunamente.

Existen otros intentos de explicación por causas económicas, y se percibe el fenómeno como parte de una caída global de precios que afectan el conjunto de mercancías básicas (commodities), lo cual incluye al acero, oro, plata, platino, azúcar, algodón, maíz y soya, cuyos precios en dólares han venido cayendo desde el primer semestre de 2014.

Otras lecturas consideran que esta caída global de precios obedece a factores macroeconómicos y se explica por la desaceleración del crecimiento económico mundial y su consecuente baja en la demanda de bienes y servicios. En especial terminó el ciclo expansivo de la economía china, además de la brasileña, y solo la economía estadounidense es la excepción, dado que ha crecido a tasas del orden del 4%.

Lo anterior puede configurar una buena expectativa para México, por la interrelación y dependencia de nuestra economía con la del vecino del norte.

Otra vertiente que debe examinarse es la política monetaria de Estados Unidos como generador de la caída global de precios, la decisión de la Reserva Federal de aumentar las tasas de interés de corto plazo, generó una disminución en los precios de los bienes básicos, mientras que la baja en las tasas de interés tiene el efecto contrario de elevar tales precios.

Es cierto que todos estos factores influyen en la caída del precio del petróleo, pero las causas geopolíticas subyacen como motor.

La política saudita está respaldada por los intereses occidentales en contra de los regímenes de Irán y Rusia. Solo que se equivocan quienes piensan que pueden acabar con el oso ruso. La reciente jugada maestra de Putin de comprar el capital accionario de las empresas energéticas rusas, aprovechando la devaluación del rublo, golpeó el corazón financiero occidental y destrozó los cálculos geopolíticos estadounidenses y de sus aliados occidentales.

La historia aún no concluye, y para México las variables en juego le son ajenas, aunque la perspectiva no resulta halagüeña.