Sara Rosalía

Aunque los aniversarios de 2014 conjuntaron a archicélebres escritores, los de este año que se inicia también tienen lo suyo. El 22 de febrero nació Edmundo Valadés, el autor, entre otros textos, de un cuento memorable titulado “La muerte tiene permiso” que ha tenido la curiosa suerte de ser adaptado a otros formatos como teatro o guion radiofónico. Don Edmundo Valadés fue el editor de la revista antológica El cuento y contaba que una vez que viajó a algún país latinoamericano, creo que Brasil, cuando los escritores reunidos en un congreso se enteraron que el director de esa publicación estaba presente se pusieron de pie y le tributaron un interminable aplauso.

Por el 7 de agosto se celebrará otro centenario, el de Rafael Solana, quien tiene en su haber todos los géneros literarios, pero tal vez su obra teatral más reconocida sea Debiera haber obispas, que ha sido representada por las actrices de la categoría de María Tereza (sic) Montoya, Ofelia Guilmain, Anita Blanch o Silvia Pinal. Sin embargo, el mayor reconocimiento es a su labor como cuentista, por más que La casa de la Santísima o El sol de octubre hayan recibido tantos elogios.

Adolfo Sánchez Vázquez, el más prestigiado de los marxistas en México, nació el 17 de septiembre y el anexo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM lleva su nombre. La estética y la ética eran los fuertes del que “dobleteó” como profesor e investigador emérito. Aparece fugazmente en Tinísima de Elena Poniatowska. Roland Barthes, quien nació el 12 de noviembre de 1915, y Umberto Eco, quien a su vez festeja sus 85 años, son los más influyentes teóricoa literarios de la segunda mitad del siglo XX.

Para mí, aunque me parece excelente, no es Tennessee Williams, el mejor dramaturgo de Estados Unidos, sino Arthur Miller, de quien el 17 de octubre se festejará su centenario. Miller escribió obras maestras inolvidables como Las brujas de Salem o Panorama desde el puente. Todos eran mis hijos, que se representó hace unos pocos años, es excelente y no obstante, La muerte de un viajante sigue siendo su obra más reconocida.

Y sin embargo, tal vez la publicación de la segunda parte del Quijote, hace 400 años, sobrepase todos los otros centenarios. Por lo pronto, el Museo Franz Mayer de la Ciudad de México ya se apresura a festejarlo. Es oportuno recordar que el yugoslavo Ludovic Osterc reunió, en el este museo, 700 diferentes ediciones del más importante libro de Cervantes. Una vez que el Dr. Osterc fue invitado a ser profesor de alguna Universidad del norte de México, le pregunté si no iba a extrañar el Distrito Federal y me contestó con perdón de los norteños: “Ya sé que fuera de México, todo es Cuautitlán, pero no me preocupa, porque me llevo el Quijote…”.