Alejandro Alvarado
Relato novelado de no ficción sobre la vida de Benjamín Arellano Félix, El extraditado está basado en una entrevista que Juan Carlos Reyna, en colaboración con Farrah Fresnedo, realizaron en el penal de Estados Unidos, donde está recluido el capo mexicano. Con un arduo trabajo de investigación en archivos hemerográficos y judiciales los autores complementan su biografía. El extraditado nos ayuda a comprender la situación del desgarramiento del tejido social que vive el país, como los sucesos ocurridos en Ayotzinapa o Tlatlaya. Este reconocimiento de violencia, este vertedero de sangre, es importante para conocer que no se trata de hechos aislados sino parte de una serie de fenómenos, parte de una historia que viene desgarrando al país desde hace décadas.
En esta entrevista con Juan Carlos Reyna podemos entender el relato de Benjamín Arellano Félix en el contexto de una historia que es la historia de México.
—El asesinato del Cardenal Jesús Posadas Ocampo es uno de los asuntos más espectaculares o el más escandaloso en el que participaron, supuestamente, los Arellano Félix. ¿Qué le dijo Benjamín de ello?
—Mi libro aborda varios episodios de la historia política y del narco mexicano. Al entender lo que sucedió en esos episodios del pasado, como el caso Posadas, podemos reconocer, a su vez, muchas de las cosas que ocurren actualmente. Cuando Benjamín Arellano estaba en Almoloya, se negó a dar su declaración ministerial durante los años que estuvo encerrado. Nunca le puso el dedo a nadie ni abusó de sus subalternos. Hasta diez años después accedió a dar su primera declaración ministerial y ésta trata sobre su rivalidad con El Chapo Guzmán, y en particular, lo que sucede en Guadalajara, en el aeropuerto en 1993, lugar en el que coincidió con el cardenal y éste resultó asesinado. Benjamín dice en esa declaración ministerial que él le pagó 11 millones de dólares al ex director judicial Federal del estado de ese entonces, Rodolfo León Aragón, que fue quien lo traicionó y organizó, realmente, la balacera que se suscitó en el lugar y en medio quedó el Cardenal. León Aragón citó a los Arellano Félix y al Chapo Guzmán, sin que ninguno de ellos supiera que los otros estaban en el aeropuerto. Tras esta primera declaración luego de diez años de estar preso, a los dos días, sin ningún proceso judicial en regla, a Arellano Félix lo montaron a un avión de la DEA y lo extraditan a Estados Unidos. Eso habla de que hay una serie de verdades ocultas para la mayoría de nosotros.
—¿Cómo se supo de la existencia del clan de los Arellano Félix?
—Si no me equivoco, la primera vez que se menciona a los Arellano Félix es justamente en una nota de Jesús Blanco Ornelas, fechada en 1986. Los menciona como propietarios de un cargamento que protege un ministerio público relacionado a Xicotencatl Leyva, gobernador de Baja California en ese entonces. Desde que Jesús Blanco Ornelas ventiló la existencia de los Arellano en Tijuana los tomó como las cabezas visibles de una vendeta personal. Tuvo hacia ellos una obsesión sólo comparable con el seguimiento que le hizo a Jorge Hank Rhon. Yo utilizó al Semanario Z como parte de mis fuentes hemerográficas para este libro; pero en esa empresa no practican un periodismo que, en lo particular, yo comparta; creo, sin embargo, que la labor de Blanco Ornelas fue heroica. Gracias a su oficio periodístico podemos conocer muchos entresijos de esta historia.
—En El extraditado cuenta que El Chapo Guzmán convocó a los grandes capos del narco de esa época para que se alinearan con el gobierno de Vicente Fox y que Benjamín Arellano se negó a hacerlo. ¿A Benjamín lo apresaron por esta causa?
—En este rompecabezas que hago, a partir de las declaraciones de testigos y de las ministeriales, así como de las conversaciones que tuve con Benjamín queda claro que la gestión de los gobiernos federales con el narco no es un asunto reciente sino un asunto ya de décadas. Ahora vemos un nivel de infiltración en diferentes gubernaturas del país. Dejo entrever una teoría, no nueva, sobre cómo los gobiernos panistas se aliaron a una federación convocada por el cartel de Sinaloa; la cual, además, ya sabemos que terminó en caos y derramamiento de sangre. Porque esta asociación implicaba reprimir a los carteles enemigos. Benjamín Arellano no es un héroe, ni lo estoy justificando. Es un delincuente y por eso está en la cárcel cumpliendo una condena por sus delitos. El cartel de Tijuana se relaciona con miembros de la cúpula priista de la época, creció al amparo de una gubernatura priista e institucionalizó sus redes de corrupción en los gobiernos panistas, acaso hay mención perfectamente transnacional en los sexenios priistas y se relacionó en plan de negocios con ciudades gobernadas por ayuntamientos perredistas. El problema de la corrupción, de la impunidad y de la violencia en México va más allá de partidismos, va centrado a entender al país como una urdidumbre de estructuras. El extraditado es una denuncia a estos mismos pilares podridos.
