Columna:
Párrafo:
Ética, justicia y solidaridad
Las grandes obras son hechas
no con la fuerza,
sino con la perseverancia.
Samuel Johnson
José Alfonso Suárez del Real y Aguilera
El Centro Cultural Indianilla —espacio recuperado por el primer gobierno democrático del Distrito Federal— fue el escenario en el que el dirigente social y actual senador de la república Alejandro Encinas Rodríguez hizo una profunda reflexión autocrítica sobre la inmoral desarticulación de un cuarto de siglo de luchas y esperanzas, frustradas por la perversión de los principios ideológicos y éticos que se congregaron en torno a la propuesta de Cuauhtémoc Cárdenas con el fin de optar, por la vía electoral, a transformar un país rehén del fraude y la simulación democrática.
Los fundadores del PRD presentes en el auditorio coincidieron con el crudo análisis y la puntual autocrítica del senador Encinas, e igualmente lamentaron la dilapidación del potente capital político que en 1997 democratizó el Distrito Federal; proceso sostenido al que sólo ha frenado la mezquindad de la mayoría legislativa que, sistemáticamente, niega a la ciudad de México su derecho a ser reconocida como entidad federativa y, consecuentemente, a contar con su propia Constitución.
El anticipado anuncio de la renuncia del senador Encinas para apartarse del instituto político por el que con tanta perseverancia luchó, y al que representó ante los diversos cargos y encargos que le fueron conferidos a lo largo de este cuarto de siglo, no demeritó su congruencia expresada en su propuesta de crear una Red Nacional para la Reivindicación y la Unidad de la Izquierda, espacio al que el senador apuesta para organizar un “modelo de articulación y unidad de las diferentes expresiones de las izquierdas que tengan disposición a adoptar nuevas formas de participación electoral en el futuro”.
Tal propuesta refrenda la profunda convicción del dirigente socialista para articular las izquierdas bajo un frente amplio progresista que no centre su convergencia de acción sólo en la participación electoral, sino que provoque y recupere el poder imaginativo, que aglutine la reconstrucción de “un proyecto alternativo al de la elite de poder” mediante un programa fincado en principios éticos y de justicia social que recupere la importancia del nosotros como colectivo por sobre el egoísmo neoabsolutista que impera en la sociedad líquida diseccionada por Bauman.
Para Encinas, la articulación de la red debe fincarse en la vigencia de la ética, la justicia y la solidaridad como valores irrenunciables, lo que nos remite a los principios definidos por Morelos en el acta fundacional de la patria.
El sólido y razonado exhorto del senador Encinas es un potente aliciente al proceso colectivo de recuperación de la identidad de la izquierda y de su unificación, su concreción se finca en la reconocida entereza del convocante, cuya conducta pública acredita la validez de la sentencia del filósofo inglés Samuel Johnson, para quien las grandes obras se edifican con perseverancia, más que con fuerza.
