GEOPOLÍTICA

 

 

Juvencio Wing Shum*

Fauna marina generalizada compuesta de pequeños crustáceos de por lo menos 12 variedades, se parece al camarón pero de tamaño muy pequeño. Se alimenta de plankton o minúsculos organismos vegetales y animales. A su vez sirve de alimento de otros seres marinos.

Su abundancia en los mares meridionales cercanos a la Antártida posibilita la supervivencia de animales marinos tan grandes como las ballenas, las focas, morsas, peces, así como los pingüinos y aves migratorias. Una sola ballena puede comer hasta 4 toneladas de krill en un día normal. Los cálculos de la biomasa de krill nos hablan de cientos de millones de toneladas.

Los seres humanos habitantes de zonas marítimas frías lo usan como material alimentario. Desde el 2010, las reservas mundiales de krill están en peligro de extinción dada la sobreexplotación por parte de compañías transnacionales que procesan aceite de este minúsculo crustáceo como fuente poderosísima de ácidos Omega 3 y como suplemento alimenticio. El krill es considerado uno de los superalimentos del futuro para la humanidad. Las reservas de la Antártida aún permanecen inaccesibles. Esta situación contribuye a pensar en el peligro que vive el equilibrio ecológico global en este momento.

Las potencias económicas, políticas y militares están pendientes desde hace tiempo de los movimientos exploratorios de sus rivales estratégicos. La Antártida es un verdadero continente cuyo subsuelo contiene minerales que en otras partes ya son motivo de enfrentamientos efectivos.

La exploración de la plataforma continental por cualquiera de las potencias alertaría a los demás países a seguir el mismo camino, por ejemplo para buscar el petróleo. Antes del desastre humano seríamos testigos del desastre ecológico, al sumar el sobrecalentamiento polar y la contaminación de los mares meridionales.

Aunque las primeras víctimas serían la fauna endémica y migratoria, más temprano que tarde los humanos caeríamos como víctimas propiciatorias de la competitividad desatada por el ansia de encontrar recursos abundantes y baratos.

Desde luego, ya existen tratados internacionales para que las potencias se consulten entre sí antes de dar el primer paso efectivo. Por el momento, se propusieron intercambiar información sobre sus hallazgos. Cada exploración lleva la aceptación de las otras partes interesadas. Aunque hasta la fecha todavía no podemos cerciorarnos de la fragilidad de las promesas…

*Economista internacional, UNAM.