El ADN revela nuevas pistas sobre la longevidad

 

Dr. Gerardo Jiménez Sánchez

 

La duración de la vida del ser humano ha sido motivo de reflexión, investigación y análisis desde tiempos antiguos. Más allá del interés popular, literario y de la ciencia ficción, la investigación científica sobre la longevidad ha llevado al diseño de experimentos para comprender los mecanismos moleculares que participan en ella. Sin duda, los avances médicos han logrado incrementar la esperanza de vida humana. En consecuencia, el envejecimiento de las poblaciones impone nuevos retos sociales y económicos, así como otros relacionados con las enfermedades que acompañan a la vejez.

La longevidad extrema tiene un componente genético. Estudios en gemelos han logrado estimarlo en cerca del 30% en la población normal. Sin embargo, este componente es mayor en quienes pertenecen a familias con individuos longevos. Más aún, los hermanos, padres e hijos de centenarios también viven mucho más que la media y no existe diferencia significativa entre los estilos de vida en términos del consumo de tabaco, alcohol, ejercicio o dieta entre los centenarios y quienes no lo son.

Los supercentenarios son las personas más antiguas del mundo que viven más de los 110 años de edad. Como es de esperarse, las personas que llegan a esta edad han logrado escapar a muchas de las enfermedades que se presentan con mayor frecuencia en la vejez. Por ejemplo, existe una incidencia de 19% de cáncer en los centenarios en comparación con 49% en la población normal. Del mismo modo, los supercentenarios tienen una menor incidencia de enfermedad cardiovascular y accidente cerebrovascular en comparación con los adultos que no lo son.

Un grupo de científicos llevó a cabo la lectura del ADN en 17 de los 74 supercentenarios que quedan en el mundo para explorar las bases genéticas de la longevidad humana (http://goo.gl/PkuOoJ). Si bien los resultados no mostraron evidencia de mutaciones o genes específicos que se asociaran a este rasgo, la lista completa de variaciones en los 17 genomas supercentenarios se ha puesto a disposición del público como un recurso para contribuir al desarrollo de estudios subsecuentes sobre las bases genéticas de la longevidad humana (http://goo.gl/MGcYJ5).

Simultáneamente, científicos de América, Europa y Asia decidieron comparar el ADN de mamíferos longevos, a fin de buscar diferencias que permitan conocer los mecanismos moleculares de este fenómeno. Para ello, secuenciaron el ADN de la Ballena Polar (Balaena mysticetus) y lo compararon con otros animales incluyendo al humano, logrando resultados iniciales muy interesantes. Esta ballena vive más de 200 años. A diferencia de otros animales, este mamífero desarrolla muy pocas enfermedades al envejecer. Más aún, su cuerpo tiene más de 1000 veces el número de células que los humanos, por lo que estas deben tener una probabilidad mucho menor de transformación en células cancerosas en comparación con las humanas, a través de un mecanismo que las proteja contra el cáncer y el envejecimiento. Curiosamente, su pariente evolutivamente más cercano, la Ballena Enana vive solo 50 años y es mucho más pequeña, lo que hace suponer que cuando menos parte de los mecanismos responsables de su gran longevidad podrían encontrarse al comparar las diferencias en el ADN entre ambos animales.

Así, en un esfuerzo por descubrir los secretos de los cetáceos gigantes, este grupo de científicos logró hacer el mapa del genoma de la Ballena Polar. Los investigadores compararon el genoma de esta ballena con otros nueve mamíferos, incluyendo otros cetáceos, vacas, ratas y humanos. Los resultados pusieron al descubierto mutaciones en dos genes, uno asociado a la resistencia al cáncer que también está asociado al envejecimiento y a la reparación del ADN conocido como ERCC1 (Excision Repair Cross-complementing Rodent Repair Deficiency, Complementation Group 1); el otro llamado PCNA (Proliferating Cell Nuclear Antigen) que se relaciona solamente con la reparación de ADN. Estas mutaciones se encontraron solo en la ballena longeva y no en el resto de las especies estudiadas (http://goo.gl/dMYzWo, Cell Rep. 2015 Jan 6;10(1):112-22). Los resultados del estudio se publicaron junto con una base de datos para facilitar la investigación en especies longevas (http://www.bowhead-whale.org). Estos científicos han propuesto entre los siguientes pasos de su investigación insertar estos genes en ratones de laboratorio y ver si se incrementa su longevidad y resistencia a enfermedades.

El avance de las ciencias de la vida comienza a arrojar luz sobre el misterioso fenómeno de la longevidad y seguramente podrá contribuir a mejorar la calidad de vida de quienes logran vivirla por muchos años.

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gerardo.jimenez@gbcbiotech.com

 

Director del Programa de Medicina Genómica y Bioeconomía de la

Escuela de Salud Pública de Harvard.

Presidente Ejecutivo, Global Biotech Consulting Group.

Presidente de Genómica y Bioeconomía A.C.