Raras avis de la política

Teodoro Barajas Rodríguez

Tan resulta evidente el desgaste de los partidos políticos tradicionales que en las últimas semanas numerosos cuadros alejados de la ortodoxia se han enlistado para buscar posiciones electorales, luchadores, futbolistas y payasos; les asiste el derecho para ello.

La lectura que dejan los acontecimientos motivados por estos aspirantes emergentes de extracción no partidista, sino provenientes de una fama o popularidad producto de sus quehaceres públicos en el espectáculo, es el desencanto derivado del actuar cínico de una decadente clase política que se ancló en su codicia y se enseñorea en ella. Nos referimos a Cuauhtémoc Blanco, Laura Zapata, Lagrimita y algún luchador profesional; disputarán posiciones legislativas o edilicias, originalmente destinadas a militantes con trayectoria, aunque no necesariamente investidos de prestigio.

Aristóteles expresó que el ser humano es un animal político, señaló que la política debe ser la máxima expresión de la ética, pero siglos después aparece el pensamiento disruptivo de Nicolás Maquiavelo, quien afirma que dicha ciencia y arte es simplemente amoral, un giro copernicano. La concepción maquiavélica del poder es laxa, desde su perspectiva todo es válido para acceder al mando, incluso esparcir el temor y éstas han sido lecciones bien aprendidas por nuestros actuales dirigentes.

Tenemos un sistema pluripartidista donde las opciones se diversifican para los electores que próximamente tendrán ante sí ese ritual personalísimo de emitir el sufragio en la urna como expresión clara de su libre voluntad; se requiere ser un ciudadano en plenitud de derechos para ser candidato, al menos así lo establece la legislación vigente.

Sin duda llama la atención una candidatura en el estado de Morelos, por la presidencia municipal de Cuernavaca, nada menos que la capital de la entidad en la que naciera un diáfano símbolo revolucionario: Emiliano Zapata.

Cuauhtémoc Blanco fue un extraordinario futbolista, líder natural que dejó huella en su paso por diversos equipos hasta el actual en Puebla, no obstante carece de toda experiencia política y sinceramente no lo imagino en la construcción de políticas públicas o en un debate en torno a la seguridad, que en Morelos más bien se ha trocado en todo lo opuesto, es decir, inseguridad.

En otros momentos personajes del mundo del deporte o la farándula han sido candidatos, en algunos casos han ocupado curules, recordamos al polifacético actor Carlos Bracho como diputado de izquierda, en este caso se trataba de un histrión, poeta, escritor, activista de movimientos sociales y de larga militancia en el extinto Partido Mexicano de los Trabajadores y para el que en algún momento compitió contra Heberto Castillo por su dirección. Un caso sin duda excepcional y a mucha distancia del Cuau, pero no todas las figuras públicas que llegan a los lugares de la idolatría están dotados para hacer un papel brillante en la escena política, no bastan las ganas, se ocupa talento, máxime en esta etapa caótica en que nos ha tocado vivir.