Patricia Gutiérrez-Otero
Reducir los deseos a las necesidades, y las necesidades a lo mínimo.
Gandhi
Hace poco, en relación con una nueva fecha del calendario consumista, apareció un video impactante. La fecha era el “Buen fin” en algún lugar de Estados Unidos donde los precios bajan de manera apabullante. En cuanto abrían las puertas de la tienda, la gente se empujaba sobre los objetos depositarios de su deseo. Todo se valía para conseguirlos: arrebatarlos al otro, propinar codazos, aventarse encima del vecino, patear, jalar, empujar. Si no supiéramos que era real, pensaríamos que era una parodia de una hambruna tremenda, aunque no se llevaban productos alimentarios, sino objetos electrónicos.
Actualmente en las escuelas, en las empresas, en algunas ramas de la psicología se habla de valores, pero ya no se habla de la virtud, ese antiguo término de la moral clásica. Virtud, una palabra que venía del latín vir: varón, lo que incluye el concepto de “fuerza”. La virtud es una fuerza que se adquiere a través del hábito. Alguien virtuoso es alguien fuerte porque se ha ejercitado en hacer algo. De ahí que haya diferentes virtudes según aquello en lo que uno se ha ejercitado. Uno puede ser fuerte en cuatro cosas, según los antiguos griegos: en ser justo, en ser fuerte, en ser prudente y en ser moderado. Si yo trato siempre de ser justa en lo que hago, se me vuelve una costumbre serlo, y así sucede con las otras tres virtudes, aunque la central sea la justicia.
La escena del “Buen fin” que describo no tenía nada de bueno al ser observada. Los deseos estaban exacerbados. Los compradores son bombardeados a través de la publicidad a lo largo de su vida. Lo que menos desea el sistema económico es que alguien practique la virtud de la moderación, que sepa decir “no, no lo necesito, tengo lo suficiente”, a través del uso de la razón que logra detener a los apetitos que por sí mismos desean todo. La razón sopesa y dicta lo que es real: Tengo ya un buen televisor con el que disfruto lo que veo, no necesito uno más grande ni con mejor definición ni necesito endeudarme; tampoco quiero crear más basura y dañar el medio ambiente ni tener que trabajar más para poder pagarlo o vivir con la angustia de mis deudas. Puedo decir que no quiero comprarlo.
La situación económica actual nos ha llevado a recortar nuestros gastos. Quizás es la oportunidad de descubrir la libertad de no adquirir todo aquello que nos venden para vivir con lo necesario.
Además, opino que hay que respetar los Acuerdos San Andrés, anular las reformas a la Constitución, bajar los salarios a los grandes burócratas y aparecer a los 43 normalistas de Ayotzinapa.
