Nunca antes en su historia, el Centro Nacional de las Artes, se había enfrentado al número de visitas que está generando la magna exposición “Leonardo, Rafael, Caravaggio: una muestra imposible”. Hasta el momento, en sus primeros 13 días ha recibido un total de 23 mil 942 personas. Esto a pesar que en la muestra no se exhiben las obras originales de estos tres grandes artistas italianos del renacimiento, sino réplicas elaboradas con las más alta tecnología digital, provocando quizá, hacer que estas obras sean más atractivas para el espectador y vivir una nueva experiencia al conocer piezas históricas.
Pero no solo el Centro Nacional de las Artes ha logrado esa afluencia de visitantes a sus exposiciones, el Museo Tamayo Arte Contemporáneo pasó por algo similar con la exposición “Yayoi Kusama. Obsesión infinita”. Hasta el 13 de enero, la muestra había registrado 303 mil entradas, desde que fuera abierta en septiembre del 2014. Por ello, ante la demanda del público, el recinto tuvo que realizar un maratón de 36 horas y la venta de boletos vía internet para entrar en horario nocturno.
Una más que pasó por la misma situación fue la exposición “En esto ver aquello. Octavio Paz y el arte” ya que en sus primeros cuatro días de exhibición, presentada en el Museo del Palacio de Bellas Artes, ya había recibido alrededor de 10 mil visitantes.
Internacionalmente, no menos podemos dejar de mencionar la gran afluencia que ha habido en algunas exhibiciones mexicanas. La exposición “Frida Kahlo/Diego Rivera, El arte en fusión” batió el récord de asistencia de las exposiciones temporales del Museo de l’Orangerie de París. De acuerdo al balance final, la muestra registró 300 mil visitantes en los 83 días de exposición. En promedio, más de 3 mil 500 personas visitaron la muestra cada día formando largas filas en el museo.
¿Qué provoca la afluencia?
Pero ¿qué es realmente lo que ha provocado un incremento de visitantes en las galerías de los museos no sólo en México, sino en todo el mundo?. En primer lugar, nos encontramos en un momento en el que los museos están revisando y ampliando sus discursos, reconociendo los sesgos de sus contenidos y perspectivas, y las exclusiones que éstos suponen, a fin de incluir una mirada más abierta y plural sobre los conocimientos que difunden.
Hoy se busca democratizar los museos haciéndolos más accesibles a distintos públicos, incluyendo la difusión de valores democráticos, y/o promoviendo la participación de diversos actores sociales en la formación de las colecciones, en la selección de los contenidos y en el diseño de las exposiciones museísticas. Asimismo está en proceso la experimentación de múltiples formas de interacción entre los museos y la sociedad, buscando formas de colaboración más estrechas, así como la diversificación y extensión de la atención y servicios al público.
Por otra parte, sería fácil decir que ha aumentado el afecto a la cultura, pero también, como cualquier fenómeno cultural hoy en día, se vuelven una moda gracias a la rapidez de las redes sociales. El ritual para visitar alguna exposición se define en llevar una cámara o un smartphone y tomar una selfie dentro de algunas de las instalaciones, o aún más, junto a la obra más sobresaliente de la exposición.
Los museos han sabido aprovechar esta tendencia de las redes sociales, ya que por medio de ellas, hacen difusión de las muestras y generan impactos diarios a través de Twitter, Facebook o en Instagram al subir alrededor de 100 fotografías diariamente de sus exposiciones, creando así una mayor expectativa entre el público.
Sin embargo, a pesar del avance constante de la era digital se puede decir que es la misma exposición, la que está generando un valor cultural dentro de las personas, que hace que acudan y hagan fila para recibir un boleto para disfrutarla y tomar de ella lo que más les guste.
