Es urgente

Alfredo Ríos Camarena

La piedra fundamental para la existencia de una democracia se localiza en la normalidad electoral, es decir, que se realicen periódicamente elecciones y que éstas tengan la seguridad de realizarse jurídicamente bien.

En México contamos con un sistema electoral y con un subsistema de partidos sólidos; el Instituto Nacional Electoral y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación garantizan que los comicios se efectúen razonablemente bien.

 

Sin embargo, la normalidad democrática se ha visto afectada por diferentes factores relacionados con la inseguridad, amenazando con que el proceso se descomponga en los estados de Tamaulipas, Michoacán, Guerrero y otros más. Existen zonas de agitación social que pueden estorbar y dar al traste en algunos lugares muy focalizados a este ejercicio democrático, particularmente la acción de los profesores organizados en la CNTE han planteado un escenario de violencia y temor, se han incendiado y tomado oficinas electorales y se ha amenazado a sus funcionarios, existiendo un escenario de miedo y de presión para boicotear el proceso.

Por otra parte, observamos una campaña —por cierto deslucida— con un bombardeo televisivo y radiofónico exorbitado que está produciendo el efecto contrario al que se desea, ya que la exageración publicitaria provoca el rechazo y el desánimo de los votantes que se encuentran saturados de propaganda inocua y fútil.

En vez de crearse un ánimo de entusiasmo democrático, lo que se está logrando es una animadversión a la política, que se va a traducir en márgenes de participación ciudadana muy escasos, votará menos del 50% del padrón electoral y dada la enorme cantidad de partidos políticos en juego (diez), quienes obtengan el triunfo de la elección federal lo harán con muy pocos votos, que en el fondo deslegitiman el resultado del proceso; los ganadores obtendrán sus curules en la Cámara de Diputados, pero arribaran a ésta con poco entusiasmo.

La efervescencia que han producido los escándalos mediáticos, la reducción del crecimiento económico, la inseguridad y el temor a las manifestaciones inexplicables como las que suceden una y otra vez en Guerrero, nos están arrinconando en un espacio donde falta el entusiasmo y el ánimo popular. A pesar de las cotidianas convocatorias del Ejecutivo federal, no ha permeado en la opinión pública la convicción de que avanzamos hacia un mejor país y a un Estado superior de desarrollo.

Algo nos está faltando, la patología de los partidos políticos los hace ineficaces para la convocatoria social; la ideología y las causas fundamentales se han diluido en publicidad de segundo nivel, que no prende en la conciencia popular.

 

México vive momentos importantes que pueden relanzar la nación a un destino mejor, pero esta convicción debe enraizarse en la conciencia popular y ser parte de la consigna nacional que nos dé una sólida visión de destino y de futuro.