El fenómeno zoológico debilita la democracia
René Avilés Fabila
Llama la atención la escandalosa facilidad con la que los políticos saltan de un partido a otro. Los políticos exitosos ahora han tenido que pasar, para llegar a los altos cargos, por una multitud de partidos. El primero que me viene a la mente es Porfirio Muñoz Ledo, quien llegó al extremo de dirigir dos de ellos. El diario Excélsior ha dado una lista de lo que ahora se llama, en sentido humorístico, chapulines.
Se trata de un reportaje de Andrés Becerril, donde alguno de sus investigados denomina el fenómeno zoológico como algo “que debilita a la democracia”. La conclusión es correcta: no votar ni aceptar a personajes provenientes de otros institutos políticos.
Idea atractiva. Entre los tránsfugas está Zeferino Torreblanca, exgobernador de Guerrero por el PRD y ahora competirá por el PAN para alcalde de Acapulco. La lista es larga y seguirá aumentando en un sistema perverso y complaciente. Ricardo Monreal fue priista, luego al PRD y al PT y ahora va con el apoyo de Morena en pos de una delegación capitalina. José Ángel Córdova Villalobos, militante panista en el origen, ahora compite bajo los colores del PRI y el Verde. La lista es larga.
Lo que llama principalmente la atención es que no hay ninguna razón ideológica, ninguna; y que en la mayoría de los casos la llamada “izquierda” es el eje de los tránsfugas. Recordemos que Andrés Manuel López Obrador, Manuel Camacho y Marcelo Ebrard se formaron en el PRI. Manuel y Ebrard salieron del tricolor al no obtener para el primero la nominación presidencial. En sentido contrario, citemos un caso notable: Rosario Robles viajó del PRD al PRI.
Este tipo de virajes políticos desorienta a la sociedad y daña la democracia. Durante los años de la izquierda histórica, los cambios no eran tan dramáticos y la lucha estaba centrada en los debates ideológicos. Cierto, muchos comunistas se rindieron y terminaron en las filas del PRI o simplemente fueron engullidos por el sistema.
Ahora no hay pretextos para cambiar de partido, únicamente prevalece la necesidad imperiosa de alcanzar un puesto cada vez más alto o al menos mantenerse dentro de la nómina oficial, donde hurtan y cometen atropellos de toda clase.
No estaría mal que se le pusiera un freno, incluso para evitar el ridículo panorama político que México le ofrece al mundo. No hay debate nacional, lo que discuten y buscan es una curul, una delegación, un estado que gobernar y donde enriquecerse. Por fortuna ya la sociedad reacciona y son millones los que están en contra de los partidos y sus prácticas, de tener juanitos o de votar por chapulines. Ya es común ver la resistencia que en tal sentido comienza a manifestar el país en su conjunto. Lo que México requiere son políticos honestos, con vocación definida, que respetan a la sociedad y trabajan para ella y no simplemente los que aman el poder y los dineros oficiales para incrementar sus haciendas personales.
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