Charla con Johanna Lozoya/Autora de Los monstruos del silencio

 

 

Eve Gil

Los monstruos del silencio. Apuntes sobre la angustia contemporánea es un apasionante ensayo sobre el significado del silencio en estos tiempos ruidosos, en más de un sentido. Su autora, Johanna Lozoya (Moscú, 1965), arquitecto de profesión, que ha escrito numerosos ensayos con la arquitectura como eje temático —y se perfila en el libro que nos ocupa— señala considerarse escritora antes que otra cosa. Tiene en su haber el Premio Anagma 2011 por su primera novela Cartas de Adén y recién ha publicado Los crímenes simples.

En Los monstruos del silencio se nombra lo que la posmodernidad ha silenciado, pero también analiza los silencios contemporáneos ante el dolor del otro, ante la violencia, ante la manifestación de la pobreza, ante las agresiones cotidianas sufridas en carne propia por decretos extranjeros y el que genera la ignorancia.

Un silencio que sin embargo grita a través de imágenes como las que exhibe o describe, en el caso de aquellas que no se pudieron incluir por cuestiones de copyrith, nueva forma de censura, como se lee en la página 96: “(…) Vivimos inmersos en una regulación de imaginarios mediáticos que, a fuerza de hacer creer que dice mucho, se responsabiliza de muy poco (…)”.

Johanna inició la escritura de estos ensayos en el 2009, durante una prolongada estancia en Nueva York y diez años de investigación sobre la construcción de la identidad nacionalista.

La experiencia de Nueva York

“De repente —dice— estuve en un lugar muy apartado del tema, y empecé a brincarme el hecho de vivir en una sociedad contemporánea con muchos fractales; una sociedad de hiper-consumo con un perfil identatario muy distinto al mexicano. Dicen que la ciudad de México es muy ruidosa y sin embargo nunca estuve más consciente del ruido que cuando estuve en Nueva York, y de pronto caí en cuenta que el ruido ambiental corría en paralelo con el ruido metafórico que produce la información. Caí en cuenta que estos tiempos veloces, donde las noticias adquieren una relevancia efímera para luego desaparecer como si nunca hubiera pasado nada, es también un momento de gran ignorancia e irresponsabilidad y poco porosa ante aquello que no encaja en lo prototípico, donde queda anulado el compromiso con el otro. Mi propuesta concreta es demostrar que lo que no se ve, o no se quiera ver, existe, y mencionarlo”.

En la más pura tradición de Montaigne, Johanna concreta un ensayo que le habla al lector, que lo alude en forma directa:

“La arquitectura —prosigue Johanna— influye en mi forma de escribir y estructurar los textos. Tengo una forma muy física de habitar los espacios y mi escritura está influenciada de esa sensación, es por eso que en Los monstruos del silencio trasciendo lo físico y le apuesto a una colectividad. No es un cúmulo de ensayos sino el relato de un paseo por una ciudad que pasa a través del tiempo e impregna la mirada”.

La experiencia de Berlín

A propósito del silencio y la arquitectura, uno de los ensayos explora de manera más específica ambos, donde refiere a Berlín como “una ciudad penitente”.

“Uno de esos paseos —dice— fue por Berlín, una ciudad que conozco muy bien. Me perturba mucho la percepción que tengo de ella como una ciudad a la que se le ha impuesto una penitencia porque los poderes empresariales y económicos se han adjudicado el derecho de nombrar, aunque se tácitamente, lo que hay en ella. Se le ve como la ciudad organizadora del Holocausto, visión acicateada por la tradición cinematográfica, en particular la hollywoodense y el silencio que la posguerra construyó entre el colectivo, no obstante haber sido una de las ciudades protagonistas de vanguardias artísticas e ideológicas, en cuyo seno han nacido grandes personajes. Me perturba esa gran ignorancia que existe sobre lo que yo denomino «la otra cara de Berlín». La arquitectura me permite, hasta cierto punto, visualizar esa realidad silenciada. Ciertamente, el muro que se derribó en 1989 se ha transformado en un muro virtual, no solo entre las dos Alemanias, sino de Berlín con respecto al resto del mundo”.

Burocracia aeroportuaria

Donde más se advierten estas políticas de silencio y control de la realidad es en los aeropuertos, porque las nacionalidades se borran y los individuos se confunden con las cosas, como bien señala la autora: “Bajo el escrutinio aduanero, un rastrillo y un ser humano son cosas peligrosas” (p. 79)

“Pocas experiencias más desagradables es la burocracia de los aeropuertos —señala Johanna—. Ahí, más que en ningún otro rincón del mundo, se deja sentir el silencio de las colectividades sometidas a la más flagrante violación de sus elementales derechos humanos. Es donde el Poder (con P mayúscula) se vuelve omnipresente, y esto es así desde los atentados del 11 de septiembre en Nueva York. El que una sola nación se sienta en peligro con respecto a las demás, como consecuencia de sus propias políticas e incursiones militares, provoca que el mundo entero emplee los mismos códigos de seguridad, y nadie replica”.

Concluye:

“Este es un peligroso síntoma: si callamos ante los manoseos —ninguna palabra más apropiada que esta— podemos ceder ante cualquier cosa. Por decreto de los Estados Unidos, por ejemplo, efectos personales de lo más comunes y corrientes, inventados para nuestra comodidad, han pasado a convertirse en potenciales armas”.

Los monstruos del silencio. Apuntes sobre la angustia contemporánea está publicada por Taurus, México, 2014.