Considerado uno de los artistas imprescindibles para pensar en la cultura mexicana del siglo XX, el artista Juan Francisco Rodríguez Montoya, mejor conocido por Juan Soriano, a nueve años de su fallecimiento se reconoce —por su talento y obra—, como uno de los representantes más importantes de la plástica mexicana.

El también llamado “El Mozart de la Pintura” debido a que, desde temprana edad, demostró grandes aptitudes para la creación plástica, perteneció a la generación de artistas que en la década de 1940 protagonizaron un movimiento de renovación de la escuela oficial mexicana. Nació en Guadalajara, Jalisco, y estudió pintura con Roberto Montenegro y Jesús Reyes Ferreira, quien le introdujo en las corrientes artísticas internacionales.

También para esos años, hizo varios bodegones con ecos de la pintura decimonónica, provinciana y costumbrista, en donde las madréporas, frutas, caracoles, y calaveras son parte de su capacidad inventiva.

Entre 1942 y 1950, el artista privilegió el retrato; sus musas: Lola Álvarez Bravo, María Asúnsolo, y Pita Amor. A partir del año 1950 recibió diversos galardones, montó exposiciones y tuvo el reconocimiento creciente de la crítica, lo que se tradujo en años de intenso trabajo en los que pintó, esculpió, dibujó, y diseñó escenografías y vestuarios para montajes de danza y teatro.

En su obra pictórica también hizo alusión a la tierra, al mar, al aire, a animales como perros, gatos, cocodrilos, caballos, aves, y murciélagos. En los años 1961 y 1962 se dedicó a pintar una serie de Lupe Marín que se consideró un trabajo consagratorio de Soriano, y cuya etapa significó una indagación en el abstraccionismo.

Cuando se fue de México y se sumergió en un mundo artístico transnacional más amplio en Roma, París y otras ciudades, su arte comenzó a mostrar evidencia de la inspiración en las abstracciones del informalismo español, del tachismo francés y del expresionismo abstracto de Norteamérica.

La obra de Soriano ha estado presente al exhibirse a lo largo del país: sus creaciones pictóricas y escultóricas en diferentes muestras, y su obra escultórica monumental está dentro de paisaje artístico de la ciudad de México, Guadalajara, Villahermosa, y Monterrey, con esculturas como La Paloma (1991), Luna (1993), Ola (1993) o Dafne (1998).

Actualmente tres representaciones semiabstractas creadas por Soriano en el año 2005 se exhiben en la Plaza Dag Hammarskjöld de Manhattan en Nueva York: Pájaro III, Pájaro de dos caras, y Paloma de bronce, aves que superan los tres metros de altura.

Su ingenio y personalidad hizo que escribieran sobre él, personajes como Juan García Ponce, Sergio Pitol, Octavio Paz, Julieta Campos, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, entre otros. Por su parte, el poeta Octavio Paz compartió entre sus declaraciones que la obra de Juan Soriano era la afortunada fusión de las tres potencias del arte: la tradición, la fantasía y la imaginación visual.

A Juan Soriano también se le recordara por ser un hombre de gran humor y carisma. Con una personalidad de ser a veces muy agresiva y bastante irónica, pero que le daba una personalidad especial. Se recuerda como el gran artista, que siempre estuvo haciendo propuestas de avanzada, enalteciendo siempre la cultura del arte mexicano.

Juan Soriano murió el 10 de febrero de 2006, a la edad de 85 años y recibió un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes.