Ingenuos, en todas caen
René Avilés Fabila
Cuando el PRI consiguió reponerse del golpe propinado por Vicente Fox, un ranchero dicharachero y audaz, apoyado por un partido que hoy se pelea entre sí por el escaso prestigio que le dejaron doce años de pésimos gobernantes, regresó a Los Pinos. Lo representaba un hombre joven y al parecer impetuoso: Enrique Peña Nieto. Uno de los mejores políticos mexicanos, Manlio Fabio Beltrones, en una reunión con intelectuales y periodistas, se manifestó por la candidatura del mexiquense, incluso lo elogió con argumentos serios. ¿Habrá tenido razón?
Muchos mexicanos esperaban cambios, regresaba un PRI mejorado, con experiencia de triunfos y derrotas, ávido de mostrar su cambio de autoritario a plural y democrático, con un buen gobierno. No ha sido así. Los que ahora gobiernan pueden articular discursos aceptables, pero no llevar a la práctica sus intentos de gobernar con inteligencia y responsabilidad. Parecen, incluso, bisoños, poco duchos en el manejo de un sistema que se ha ido corrompiendo hasta hacerse insoportable para muy amplios sectores de la sociedad y ello se aprecia en las redes sociales.
El PRI no es un partido político hábil, es una suerte de empresa que maneja los principales accionistas, los que tratan de conducir un país cada vez más complejo e inconforme de la peor manera y buscando beneficios personales.
No pasa una semana sin que un alto funcionario de tal partido dé la nota. De pronto es la propia esposa de Peña Nieto la que comete un grave desliz, enseguida, y esto es grave; es Videgaray quien no sabe convencer a los medios que la nueva casa que le han descubierto no es un robo sino una compra normal y dentro de los cauces legales. Así por el estilo. Son ingenuos.
El peso del PRI disminuye entre el electorado. Junto a los perredistas y las huestes desprestigiadas de López Obrador, los antes temibles priistas son niños de primaria, en todas caen. De este modo no van a recuperar la capital, a lo sumo obtendrán otra delegación. Las restantes serán para el PRD o para Morena. Este binomio, en apariencia enemistado, si llega a tener puntos de acuerdo, lo aplastará en el DF y en otras zonas.
Un ejemplo de ineptitud. Perredistas asesinan a un grupo de normalistas, los criminales tienen complicidades con López Obrador y, en unos días, fue creado por las izquierdas un clamor: que se vaya Peña Nieto. Los diputados opositores se dan vuelo en tribuna achacándole al gobierno federal responsabilidades que no tiene. Para colmo, no sabe el PRI cómo y con quién buscar alianzas. El brazo político del presidente —Osorio Chong y César Camacho— es incapaz. ¿Capacidad para difundir mensajes? No parece existir una oficina de comunicación social. Lo que tienen claro, como todos los políticos actuales, es que deben tener hueso. El resto es la pura inactividad política. El gabinete no es el mejor y no se vislumbran los cambios necesarios pensando en las elecciones de este año y en las presidenciales.
¿Qué hará Peña Nieto ante un visible panorama incierto para su partido? ¿Seguir a la espera de un milagro?
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