Juan Antonio Rosado
Desde Ignacio Manuel Altamirano (acaso el introductor de Charles Dickens en México), la literatura en lengua inglesa ha tenido una benéfica injerencia en nuestras letras. Y si bien es cierto que los autores españoles del 98, particularmente Pío Baroja, influyeron en varios escritores de la llamada Generación perdida (de Estados Unidos), también lo es el que esa misma generación, junto con el innovador Efrén Hernández, tendrá decisiva relevancia para los nuevos escritores mexicanos, empezando por Agustín Yáñez y Juan Rulfo, en quienes es notorio el influjo de Faulkner. Por lo anterior, resulta esencial para todo autor y crítico mexicano conocer y profundizar en lo principal de la literatura norteamericana.
Juan Carlos Calvillo, asiduo visitante de esa literatura, publicó su libro La ficción de los Estados Unidos, donde comienza evocando el deseo de libertad con que se inició dicha nación y su Declaración de independencia. La respuesta a “¿quién es el estadounidense?” es, afirma el autor, una construcción mítica, y ese mito es la libertad. Desde el prerromanticismo, el romanticismo y el subyacente liberalismo que lo acompaña, la identidad ha sido un tema central no sólo para las naciones jóvenes. ¿Quién no recuerda, por ejemplo, la célebre polémica entre el escocés James McPherson y Samuel Johnson? Pero más que el pasado mítico como fundamento, el mito estadounidense es la realización y plenitud del individuo en su libertad: he ahí lo que se ha llamado el “sueño americano”, que cobra “más fuerza cada vez que se enfrenta a su propia imposibilidad”. El lenguaje entonces se vuelve el arma para combatir cualquier determinismo, y la literatura forma parte de ese sueño de independencia. Si la constitución de 1787 buscó ya la libertad de expresión, no será sino hasta Walt Whitman y Herman Melville cuando “la nueva figura del individuo como cosmos” se vuelva “parte de la ideología estadounidense”. La “naturaleza sagrada del universo individual” llegará a su esplendor con los pensadores Emerson y Thoreau. Aparecerán Hawthorne y Edgar Allan Poe, centrados en el anónimo individuo urbano, y más tarde, cuando la noción de identidad entra en crisis, Henry James creará “el prototipo de un personaje estadounidense de complejidad psicológica, conciencia moral y curiosidad intelectual”. Luego surgirán Hemingway, Fitzgerald y Faulkner. En su panorama introductorio, Juan Carlos nos muestra brevemente la evolución del personaje en estos y otros autores. Quien busca el “sueño americano” fracasa, pues el mundo, la vida misma lo sobrepasa.
La ficción de los Estados Unidos reúne cuatro ensayos: “Voces de ultratumba: apología de Edgar Allan Poe”, “Interpretación y profundidad en Henry James”, “Una generación a la deriva” y “Los fantasmas de Paul Auster”. En el “Apéndice”, nos ofrece el poema “The road not taken”, de Robert Frost, en su original y en una traducción de Calvillo.
Juan Carlos Calvillo, La ficción de los Estados Unidos. Editorial Lamm, México, 2013, 74 pp.
