CHARLAS DE CAFÉ

 

Charla con Homero Aridjis/Autor de Ciudad de zombis

 

 

Eve Gil

Narrador, poeta y activista ambiental, Homero Aridjis es de los pocos inclasificables autores mexicanos, que lo mismo escribe poemarios impecables que novelas de aventuras, aunque siempre con un trasfondo sociopolítico que evidencia su sincera preocupación por las circunstancias de su país y del mundo. Su más reciente novela, Ciudad de zombis es mucho más de que lo enuncia el título, según nos lo explica el propio Aridjis:

El zombi y la realidad mexicana

Pese a que se tiende a banalizar el tema de los zombis, Aridjis, un escritor muy serio, se dio a la tarea de investigar exhaustivamente sobre los orígenes del mito que ha retornado con éxito al cine y la literatura.

“Una de las novelas que empezaron con este tema, La isla mágica, de 1929 —dice el poeta—, los zombis eran víctimas del vudú. Hay un gran estudio de Alfred Metrov, un antropólogo francés que emprendió un gran estudio sobre la relación entre vudú y zombis. Se dice que son personas ausentes, cuyo interior vacío es ocupado por hechiceros y criminales que los manipulan para cometer atrocidades o ejecutar trabajos muy arduos sin necesidad de pagarles. Son esclavos mentales, morales. Se les ve todavía errando por los pueblos haitianos y practican el canibalismo. Esta gente es enterrada viva durante cierto tiempo y retornan demente. La gente, por supuesto, les tiene horror. El cine lo ha retomado y popularizado, pero pocos saben que el mito —que no lo es tanto, como hemos visto— tiene un origen real e histórico, y que estas practicas tienen un origen africano, trasplantado a América”.

“Para explicarme la realidad mexicana —prosigue el también autor de algunos de los más bellos poemarios de la literatura mexicana contemporánea, como Mirándola dormir (1964) o Perséfone (1967)— acepté el desafío de tomar el hoy masificado prototipo imagen del zombi y lo dividí en muertos vivientes, como los haitianos, y los vivos muertos, que son los políticos, los narcos, la gente desalmada con la cabeza llena de droga, controlados por una fuerza ajena a ellos. No quería hacer algo simplón como Hollywood: estos zombis son funcionales, viven entre nosotros, tienen sus restaurantes, sus fiestas, van al cine; les otorgué una vida cotidiana. Lo que podría llamarse realismo fantástico que pasa entre la realidad más brutal y lo fantástico, pero también se inspira en leyendas del pasado”.

País guadalupano que maltrata a la mujer

En esa Ciudad de zombis, que lo mismo recuerda a Ciudad Juárez que a la ciudad de México o Acapulco, las mujeres, y en particular las niñas, viven a merced de El Señor Zombis y de la Malinche Negra, de hecho el detonante de la acción es el secuestro de la hija pequeña del protagonista, un periodista de nombre Daniel Medina que ya viene cargando, de por sí, un trauma de la infancia. Le sobran razones para buscar venganza.

“Yo estaba fascinado —dice Aridjis— con los monstruos, los personajes diurnos de Herman Hesse, la gente que desnaturaliza todo, y me interesaba también, hablando de destrucción, que en este país guadalupano, donde la madre es sagrada, se desacralice y destruya a las mujeres. Ese es otro de los temas de la novela: la trata de niñas, que las secuestran en los mercados, en un camino rural, incluso adentro de la escuela, y las familias nunca las vuelven a ver. Las convierten en esclavas sexuales o aparecen asesinadas en forma atroz, violadas, torturadas. Ese tipo de ataque a la mujer como niña, como adolescente, como adulta, tiene más que ver con el odio que con la ausencia de sentimientos del zombi. En Tlaxcala hay un pueblo donde las mismas familias prostituyen a sus niñas y las ofrecen en los restaurantes”.

Le comento a Aridjis que no creo que en la era digital sea casual el retorno del zombi y le pregunto a qué lo atribuye.

“A veces —responde Aridjis— los mismos ciudadanos se convierten como bultos, y es así como los perciben los políticos. El Señor de los Zombis no es más que la caracterización de un capo, que como los capos de la vida real no tienen nombre o cambian una y otra vez de identidad, de edad, de domicilio. Resucitan y regresan al mundo con otro nombre, hasta con cirugías plásticas, algo semejante a los zombis, que empiezan siendo seres humanos a los que matan y reaparecen como asesinos atroces. Los zombis son exhombres, y esa es otra característica del hombre contemporáneo: se ha desnaturalizado su humanidad”.

“Soy un poeta —agrega— al que le interesa muchísimo la naturaleza, y por consiguiente, también la desnaturalización. Por supuesto me costó mucho trabajo escribir sobre esto porque se trata de algo tan tremendo, tan intenso y como terapia personal trataba de no escribir de noche, solo en las mañanas. Me ha pasado con ciertos libros que he leído sobre la realidad que vive México, que no concilio el sueño después de leerlos”.

Violencia con humor cruel

Y aunque parezca increíble, el humor no está ausente de esta monstruosa distopía con lenguaje poético.

“Otra cosa que me impresiona —dice Aridjis— es el humor cruel con que se rematan estos horribles crímenes: los colgados, las llamadas narcomantas, y no hay estado de la república que se salve de esto. Misteca, que es como se llama la Ciudad de los Zombis, tiene un poco de todas las ciudades peligrosas, es un poco Ciudad Juárez, un poco Torreón, un poco Nezahualcoyotl. Hay mucha tela de dónde cortar, pero yo quería hacer una ciudad imaginaria que hablara de todas ellas, donde también exista una tradición de sacrificios humanos, a los que también alude el nombre de la ciudad imaginaria”.

Aridjis se reconoce un poco agobiado por el momento. Trata de limpiarse espiritualmente a través de la escritura de poemas: “Trato de poetizar la violencia, un poco a la usanza de Goya, que fue un gran retratista de la violencia. Tengo poemas sobre un asesinato en una boutique en Acapulco, sobre una joven decapitada, por ejemplo, pero siempre sacándole la vuelta al amarillismo”.

El poeta Homero Aridjis nació en 1940 en Contepec, Michoacán, y la novela Ciudad de zombis la publicó Alfaguara, México, en 2014.