El Mar Aral, es víctima de una de las más grandes catástrofes ecológicas del mundo, que al parecer no tiene salvación. La sobreexplotación de recursos hídricos, provocó crisis ecológicas, destruyó sistemas, al tiempo que aniquiló economías locales y produjo impactos que son irreversibles.

Este mar fronterizo ubicado entre los territorios de Kazajistán y Uzbekistán, que era considerado el cuarto lago más grande del mundo, hoy está reducido a su mínima expresión, luego de que se decidiera convertir los áridos territorios de Asia Central en una zona productora de algodón.

Historia

Los jerarcas de Moscú, encabezados entonces por Nikita Kruschev, ordenaron la construcción de un gran canal de 500 kilómetros, que tomaba un tercio del agua de dos ríos y la distribuía en una gran cuenca para irrigar los campos de algodón. Su objetivo era no depender de Estados Unidos o de otros países en la producción de algodón.

El Mar Aral era un enorme lago de agua salada situado en el corazón de Asia Central con una extensión aproximada de 67 mil kilómetros cuadrados. Situado en lo que era el territorio de la Unión Soviética y que luego de la caída del régimen comunista en 1989, queda dividido entre los territorios de Uzbekistán y Kazajistán.

El desierto de Asia Central es un sitio con lluvias casi inexistentes y una gran evaporación durante el verano. En estas condiciones el nivel de agua del Aral depende de la llegada de los ríos que nacen en las montañas ubicadas hacia el este: el Amu Daria, que llega al sur del Mar Aral, que nace en el Pamir, entre Tajikistán y Afganistán y que recorre los desiertos de Usbekistán y Turkmenistán, mientras que el río Sir Daria, nace más al norte, en la cordillera del Tien Shan y recorre los desiertos de del sur de Kazajistán.

 Desastre ecológico

El cultivo de algodón requería mucho agua, especialmente en un desierto muy caluroso en verano. Para regar los campos se desvió una tercera parte del caudal de los dos ríos, 600 metros cúbicos por segundo.

Al obtener los primeros éxitos deciden aumentar los cultivos y por consecuencia el caudal de agua; sin embargo, se dieron cuenta al poco tiempo, que cada vez se requería más agua para regar la misma superficie.

El problema era la mala construcción y la falta de mantenimiento de los canales de riego que desperdiciaban los caudales de manera tal que en 1980, tan solo un 10 por ciento de su caudal llegaba al Aral, es decir, 30 años después.

Los efectos fueron terribles: la superficie marina se redujo en más del 50 por ciento y el volumen en un 75 por ciento. Del antiguo mar solo quedaron dos lagos salados: el Aral del Norte y el Aral del Sur.

El agua que quedó se fue salinizando cada vez más y acabó con las distintas especies de peces — desaparecieron 20 de las 24 especies de peces— y con ellas otras tantas aves que dependían de ellas y de la flora del lugar, que se ha visto severamente afectada.

Esta situación provocó a su vez que la economía de los pueblos que vivían al margen del río se fueran por la borda, ya que la actividad pesquera desapareció así como una incipiente industria de conservas que había surgido en poblaciones como Aralsk, al norte o Muinak, al sur. Se trataba de un desastre ecológico, económico y humano, donde se rompieron las formas de vida de poblaciones cuya cultura estaba ligada a un mar, que ya no existía.

 Enfermedades en población

La catástrofe se acrecentó luego del uso de fertilizantes y pesticidas para favorecer el cultivo del algodón, lo que terminó por envenenar el agua y los suelos, dañando la salud de los pobladores que empezaron a sufrir enfermedades respiratorias e infecciosas, así como el incremento de cáncer y de abortos,.

El agua es 4 veces más salada de lo que recomienda la Organización Mundial de la Salud, los fuertes vientos barren los suelos envenenados y esparcen las sustancias químicas.

El clima cambió, los veranos son más calurosos, los inviernos más crudos y la temporada de cosechas más cortas. Actualmente los puertos que florecieron alrededor del Mar Aral son ciudades fantasma con muelles vacíos, donde abundan cascos de barcos en medio de la arena del desierto.

Aparición del ántrax

En la zona, las tormentas de polvo son comunes pero no arrastran solo arena, sino también esporas tóxicas de ántrax procedentes de la antigua base secreta de investigación biológica de Vozrozdeniye, que fue abandonada tras la caída del Muro de Berlín en 1989.

Cuando fue construida, en 1948, la base presentaba una ubicación inmejorable, sin embargo, al secarse las aguas, la isla se convirtió en una península, para luego formar parte del desierto que ahora ocupa la mayor parte de la cuenca del lago.

De acuerdo al diario El País, antes de abandonar la base, lo soviéticos buscaron eliminar las esposas sumergiéndolas en lejía y enterrándolas en la arena. Sin embargo, una exploración de investigadores norteamericanos realizada en 1977, descubrió esporas activas en 6 de las 11 áreas donde habían sido enterradas.

Luego de los atentados terroristas en septiembre de 2011, Estados Unidos se comprometió a financiar la limpieza de ántrax para evitar fuera utilizado por grupos terroristas, pero poco podía hacer por las esporas que se habían filtrado a la superficie, sin ningún control.

Hoy la tasa de mortalidad infantil en la zona es de 10 por ciento, la bronquitis aumentó 3 mil por ciento y la artritis n un 6 mil por ciento. Además los habitantes de las zonas aledañas al moribundo mar ostentan la mayor tasa de cáncer del planeta: 14 veces superior a la media del mundo.

Hoy los esfuerzos de la comunidad internacional se centran en recuperar la pequeña parte del norte del Aral, ya que la parte sur se considera prácticamente perdida, pues de acuerdo a estimaciones de científicos se secará totalmente antes del año 2020.