Eve Gil
NADIA.- ¿Es “feminista” un insulto?
TESTIGO.- Lo es si se dice en la iglesia.
Nada que suceda en el más remoto país nos es ajeno. Efectos de la globalización que contribuye a que nos veamos reflejados en esquirlas de un mismo espejo. Pero aunque nos enteramos de todo, nos enteramos mal. Nos hemos convertido en un teléfono descompuesto a escala mundial. Las situaciones nos llegan a través del filtro de quienes las interpretan y el resultado es un caos informativo que privilegia al morbo y desestima lo esencial.
Quizás esa sea la razón por la que, al menos en México, supimos la existencia de tres chicas “revoltosas” que se hacen llamar Pussy Riot y terminaron en prisión por escandalizar en el altar de una iglesia ortodoxa. El hecho de que no se tratara de una parroquia católica, presiento, aligeró los ánimos de los sempiternos opinadores, y todo quedó en la superficie. Si acaso, algunos se indignaron porque las chicas terminaran encarceladas, hasta ahí.
Pero el asunto va mucho más, y nos concierne más de lo que yo misma me imaginaba. Leyendo el libro Desorden púbico. Una plegaria punk por la libertad (Malpaso Editores, Barcelona, 2014), por principio, me acercó íntimamente a las “revoltosas” que tienen nombres y apellidos y una biografía: María Aliójina, Nadezhda Tolokónnikova y Yekaterina Samutsévich, cuyas edades fluctúan entre los 22 y los 29 años. Ninguna de ellas acariciaba el sueño de la fama pese a consagrarse al arte. Basta mirar algunos de sus videos en You Tube para concluir que las chicas tienen talento. Pero ellas lo ofrendaron —por así decir— a la protesta política, en un país donde la libertad de expresión está estrictamente controlada. En ese sentido, el sistema ruso me recuerda mucho al mexicano: se te hace creer que tienes derecho a manifestarte en la forma que quieras, pero a fin de cuentas, como no se te puede procesar por hablar mal del gobierno, se te fabrica un delito alterno para procesarte. En el caso de las Pussy riot esa falta se llamó “blasfemia” y “profanación”, como en tiempos de la Santa Inquisición. También “feminismo”, cosa que ellas nunca han negado ser, y que en Rusia, al parecer —y en el colmo del ridículo— se considera una postura subversiva, cuando no delictuosa. Nunca se tomó en consideración que las jóvenes no aprovecharon ningún servicio religioso y que la catedral estaba prácticamente vacía de feligreses al momento de “tomarla”.
Por increíble que parezca, la Iglesia Ortodoxa Rusa, más que aliada del gobierno, es su apéndice. Su líder es un antiguo camarada y compañero de la KGB de Putin, Cirilo Gundjaev, mejor conocido desde el 27 de enero de 2009 como Cirilo —o Kiril—, Patriarca Electo de Moscú y de Todas las Rusias, y quien desde el púlpito ha inducido a las masas, primero, a ceñirse a las arbitrarias políticas de Putin que, como sabemos, ha gobernado por decenios a través del presidente títere en turno, como una especie de cómodo sabático, a la espera de su siguiente reelección. Las Pussy Riot, quienes ya se habían manifestado contra el régimen de Putin en lugares públicos y muy transitados a través de su música, ataviadas con pasamontañas de colores fosforescentes —inspiradas, dicen, en Los Zapatistas de Chiapas— y vestidos muy simples pero asimismo coloridos, elevaron una plegaria, no a Dios, sino a la Virgen María —“Por favor, llévate a Putin”— en el altar mismo donde Cirilo oficia sus sermones, o, mejor dicho, ensalza a San Vladimir Putin, pero apenas hubo tiempo de conectar las guitarras al efectuarse la redada. Era el 21 de febrero de 2012, y aunque ha transcurrido tiempo suficiente para que los medios se desentendieran de estas chicas tratadas como criminales de estado, Desorden púbico contribuye no sólo a refrescarnos la memoria, sino a reconstruir, a través de cartas, poemas y documentos oficiales, las circunstancias que condujeron a estas chicas a prisión. Es también la explicación del surgimiento y activismo, vigente aún, de esta aguerrida agrupación artística. Tobi Vail, música y crítica independiente, nacida y radicada en Olympia, Washington, define el concepto de Pussy Riot como “la banda sonora de la acción feminista radical”. En su alegato inicial, Nadia, una de las acusadas, lo define así: “Las canciones de Pussy Riot abordan cuestiones políticas de actualidad. Los intereses de los componentes del grupo son el activismo político, la ecología y la supresión de las querencias autoritarias del sistema estatal ruso dando voz a la sociedad civil”.
Irónicamente, según se puede apreciar por las cartas de cada una de las jóvenes encarceladas, su feminismo no está reñido, como pudiera creer la mayoría, con la fe religiosa. Y no se trata sólo de que se declaren ortodoxas, sino de la afanosa lectura que han hecho de la Biblia; de las citas para nada casuales sino perfectamente oportunas para justificar su necesidad de manifestarse donde lo hicieron. Al revisar las letras “blasfemas” de sus canciones, no podemos sino llegar a la conclusión de que la única blasfemia va contra el Todopoderoso Putin. A decir del abogado Nicolai Polozov en su alegato, para él, como creyente, resulta mucho más insultante que se celebren fastuosos banquetes corporativos entre aquellos muros… o aquel concierto del grupo disco alemán Boney M. a diez metros del altar, cuyas canciones no son precisamente himnos sacros. Una de sus canciones, curiosamente, está dedicada a Rasputín y concluye con un resoplido: all those russians. Concluye el abogado que el verdadero motivo por el que sus defendidas han sido encarceladas, pues, es su manifiesto contra la entonces inminente reelección de Putin.
Desorden púbico. Una plegaria punk por la libertad, es un libro intenso donde la política, la religión, el arte, el feminismo y la libertad de expresión se escuchan entre los acordes de una guitarra eléctrica color rosa. Un extraordinario libro colectivo y solidario, escrito por sus protagonistas pero también por sus defensoras alrededor del mundo quienes, como la DJ miembro del grupo Le Tigre, J.D Samson, están seguras de que, de verse en medio de un conflicto violatorio de sus derechos humanos como el de las Pussy Riot, “ellas harían lo mismo por mí”.
¿Atacar al alba? No me opongo,
Por nuestra libertad común, un látigo para fustigar
La Madonna en su gloria aprenderá a luchar
¡Magdalena feminista, manifiéstate!
Putin se ha meado.
SECUNDARIA:
En México supimos de la existencia de tres chicas “revoltosas” que se hacen llamar Pussy Riot y terminaron en prisión por escandalizar en el altar de una iglesia ortodoxa.
