Conversatorios ciudadanos

 

La posibilidad de hablar con los otros es el don

más grande que tienen los seres humanos.

                                                                                            Emilio Lledó

 

José Alfonso Suárez del Real y Aguilera

La recuperación del ejercicio de conversar, de intercambiar ideas sin necesidad de recurrir a los válidos —pero a la vez rígidos— esquemas académicos de la conferencia, los paneles, debates o conferencias magistrales, nos está llevando a proponernos conocer y pulsar los sentimientos de la comunidad, a través de una serie de conversatorios ciudadanos, espacios propicios para tratar temas de interés vecinal.

Nuestro primer encuentro logró convocar a un grupo de promotores de la cultura con quienes coincidimos en la necesidad de identificar los establecimientos culturales en un marco jurídico distinto al mercantil, solución apegada al espíritu de la reforma constitucional que reconoció sus derechos como parte integrante de la Constitución.

El segundo conversatorio versó sobre las transferencias de la innovación ciudadana al espacio público, y en dicho intercambio de ideas el arquitecto español Miguel Jaenecke, fundador de la organización Vivero de Iniciativas Ciudadanas, nos sorprendió gratamente al compartirnos experiencias europeas —fundamentalmente españolas— sobre la apropiación social del espacio público como expresión de libertad, creatividad y gobernanza.

“La ciudad formal no puede excluir la ciudad informal”, afirmó Jaenecke, reconociendo que la informalidad es muchas veces la respuesta ciudadana a necesidades marginadas por autoridades planificadoras inmersas en esquemas gentrificadores y excluyentes, cuya única meta es el “negocio inmobiliario” como expresión del éxito efímero y del progreso mal entendido, el que sólo responde a la necesidad del consumidor y no del ciudadano.

El urbanista español alertó enfáticamente sobre el poder esclerotizante del dinero: “el presupuesto —dijo— no debe limitar la construcción de soluciones sensibles y corresponsables que permitan a la sociedad accionar a favor del espacio de uso común”.

Conclusión de este importante intercambio de experiencias sociales y de propuestas vecinales fue acordar para nuestra ciudad un pacto constitucional que reconozca la participación vecinal a la par de la ciudadana: que sea un contrato social que propicie una gobernanza sustentada en la construcción de equilibrios conceptuales y programáticos fincados en valores éticos; y que sea un acuerdo que garantice la reapropiación de cada barrio y de cada colonia, en espacios de convivencia democrática, que rescate sus valores patrimoniales y se exprese en un cabildo popular, figura de autoridad incluyente y corresponsable.

Las atinadas intervenciones de vecinos y especialistas en estos conversatorios ciudadanos acreditan fehacientemente la premisa del filósofo español Emilio Lledó, para quien el mayor don del ser humano estriba en la posibilidad de hablar y de escucharnos.